PROLOGO
LA MUJER SIN
NOMBRE
Caminaba
hacia el ocaso, el desierto era
enorme. Posiblemente uno de los más
grandes que hubiese visto antes.
Ignoraba si había pasado del estado de Texas al llamado estado de
Nevada. Solo sabía que hasta no llegar a los montes boscosos de California entonces no pararía.
El viento
seco del desierto golpeaba sobre su enorme saco negro con pequeños hilos
blancos que colgaban de sus mangas. Vistiendo
una camisa blanca con unos pantalones vaqueros negros y unas botas de color marrón claro. Continuaba caminando sin descanso hacia el
ocaso para después sentarse a descansar en algún monte cercano. Era muy
peligroso el acampar en llanos o cualquier zona que le convirtiese en un blanco
fácil para cualquier forajido o animal carnívoro. Quizás ambos.
Su largo
cabello rojo estaba cubierto por un sombrero vaquero ancho de color negro, este tapaba una pequeña cicatriz en el ojo
derecho que poseía desde haría muchos años atrás. Viendo con sus ojos azules a la distancia un
pequeño monte, decidió ir allí para poder descansar aquella noche.
Trepó el monte hasta llegar a su cima y sacó de una
bolsa de cuero marrón claro, que llevaba a todos lados, unas leñas para comenzar a hacer el
fuego. Cuando la fogata estaba en su
esplendor, vio como el sol se alejaba a
la distancia. Sonriendo, se sentó en el
suelo, las llamas iluminaban su cinturón
de cuero marrón claro que llevaba dos Colt del 45 y sus
enormes guantes negros. Saco de su
bolsillo un poco de tabaco que poseía desde haría unas semanas junto con un
papel blanco. Sonriendo, puso el tabaco
en el papel para después arrollarlo y lamerlo. Cuando este estuvo listo, sacó unas cerillas con las que encendió el cigarrillo.
Sentada en
el suelo, con la espalda apoyada sobre las rocas del monte, comenzó a fumar su cigarrillo mientras tomaba
una guitarra para tocar una bella melodía.
Aquella joven mujer sin nombre pasó así su primera noche en las
cercanías del pueblo de Miracle.
PARTE 1: EL
PEQUEÑO PUEBLO DE MIRACLE
CAPITULO 1
LA JOVEN FAMILIA BILLSWOURD
La luz anaranjada del sol, que salía por el
horizonte, combinada con el canto de los gallos le despertó lenta y
suavemente. De cabellos castaños cortos,
con una expresión serena y amistosa. De unos veinte o veintidós años, con un
rostro limpio de barba o bigote. Al
abrir sus ojos de color avellana. Lo
primero que hizo fue tocar la almohada que tenia al lado. Era algo que hacia
todas las mañanas, tocar la almohada donde reposaba la cabeza de su amada
esposa. Cuando la tocó sintió otra vez el pesar de no tener nadie a quien acariciar.
¿Cuánto había pasado desde que su esposa murió?
¿Cuatro, cinco años? No lo sabía.
Solo sabía que cada día que pasaba, él la extrañaba, cada año que pasaba él la
añoraba.
Una buena
mujer de la alta sociedad. Alguien que no necesitaba que fuese un caballero de
cuentos de hadas o el héroe de la historia.
Solo un joven que quería dar lo mejor de sí mismo y a la vez dar lo
mejor para su familia dentro de sus posibilidades. Sabía que todos en el pequeño pueblo de
Miracle, veían a Ryan Billswourd como un
pobre alfeñique incapaz de defender su granja, su buen nombre o incluso… su
hijo. Jennifer no lo veía así, ella veía
a un muchacho que deseaba ser fuerte, que deseaba ser más un hombre de acción
que antes un simple granjero tímido que le impresionaba la sangre. Ante los
azules ojos de Jennifer, Ryan era todo un hombre y por eso lo amaba. De cabello rubio y ojos azules aquella gran mujer le dio felicidad, amor e incluso un hijo al
cual bautizaron como Jeremy. Ambos eran
todo su mundo, hasta que una horrible enfermedad mató a su esposa haría varios
años atrás, tuberculosis. Esa mierda la hundió en un estado decrepito
donde cada día era un martirio para Ryan, cada maldito día era un pesar
constante en su vida y en la vida de su esposa e hijo; pero nunca la
abandonaron, ni un solo momento, por ella él fue fuerte, también lo fue para su hijo, quien teniendo seis
años en ese momento le tocó ver como su madre se moría delante de ellos sin que
pudiesen hacer nada. Cada noche Ryan estaba a su lado, cada mañana y cada
tarde. Lo único que deseaba era que esos
infelices que le llamaban cobarde o niñita
estuviesen allí para ver como peleaba contra ese infierno intentando
hacer sonreír a su esposa a cada momento, a cada hora. Que viese que ellos tenían futuro a pesar de
que no estaría a su lado para protegerles.
Y por supuesto, cada mañana al despertar, Ryan acariciaba la cabeza de su amada esposa
para cerciorarse de que ella aun estaba allí, de que aun seguía moviéndose y
respirando. De que todavía se encontraba con ellos. Sin embargo una noche ella se encontraba peor
que de costumbre, no hubo palabras, solo tos, sangre y una mirada de amor en esa agonía que podía
decir más de lo que mil palabras podrían decir.
Luego de una hora de tos interminable e incluso sangrienta, ella dejó de toser y se finalmente relajó. Murió
viéndolos con amor, hubo un gran cariño
en su mirada antes de que esta se volviese vidriosa como también fría. Después de eso… soledad, su hijo era su mundo en ese momento y nadie más
que él ocupaba su punto de vista.
Solo estuvo
unos minutos acariciando la almohada, diciendo en un susurro:
-
Buenos
días amor, ¿Cómo te encuentras?
Ahogó un
sollozo y se levantó, comenzando a trabajar.
. . .
El pequeño
Jeremy, o Jerry para los amigos, se levantó de su cama mucho
antes que su padre. Estaba muy emocionado como para pensar en dormir en
realidad. De diez años de edad, con un
cabello corto rubio como su madre y con los ojos color avellana de su
padre. Jerry era la clase de chico entusiasta, como también
divertido, que siempre hacia algo gracioso para poder hacer reír a los demás,
pudo haber sido un chico travieso sin problema alguno; pero Jerry prefería
contar chistes antes que hacer chistes que pudiesen herir a otros. No recordaba
con exactitud si ese modo bromista de ser suyo lo tenía desde nacimiento o… si
lo había adquirido cuando su madre enfermó y murió.
A pesar de
que Jeremy deseaba tener el apodo de Jerry para sus amigos, a la hora de la
verdad, Jerry, no tenía amigos. Por
alguna razón, su modo extrovertido
chocaba con una timidez que contradecía su forma de ser, normalmente Jerry
decía que eso era como tener dos caras, por lo que le gustaba decirse el Doble
Cara, Jerry podía contar chistes, hacer
cosas divertidas delante de todos; pero si alguien quería acercarse más a él,
entonces pondría una barrera emocional que lo haría alejarse de inmediato, a veces
con excusas, otras veces con un humor cínico
y en otras ocasiones sencillamente se hacia el sordo continuando camino.
En muchas
oportunidades Jerry se preguntó cuál era su verdadera cara ¿Acaso era el
divertido y extrovertido muchacho? ¿O
era el tímido e introvertido chico que no mostraba su autentica cara delante de
todos? Aquella que se ocultaba con su
sonrisa ya que esta no era la de un rostro riendo sino de uno que lloraba y sufría
porque extrañaba a su madre, porque le devastaba ver a su padre lamentarse en
las noches o en cualquier otra hora del día e incluso su corazón se rompía al saber que su padre no tenía
la fuerza para soportar todo ello. Lo intentaba, ponía a Dios por testigo de que cada día veía
a su padre luchar contra viento y marea para ser fuerte por su hijo, sabía que
si él también caía en depresión entonces todo se iría al carajo, por lo que
siempre debía tener una sonrisa, a cada hora y a cada día. Solo hasta que las
cosas mejorasen, si su padre peleaba
por él
entonces Jerry también pelearía
por su padre para que viese que no estaba solo. Su sentido del humor era lo que
debía salvar su hogar, si su padre le veía reír en lugar de llorar
entonces la carga seria menos difícil y más
fácil de llevar, podrían lograrlo.
Aquel día
sin embargo Jerry tenía motivos reales para celebrar: su padre, casi a regañadientes por pedido
suyo, le enseñaría a llevar el
ganado, serian pocas vacas que estarían
acompañadas de sus terneros; pero era algo.
Si Jerry lograba ayudar a su padre en todo, tal vez y solo tal vez, la
carga ya no sería tan pesada, su padre podría lograr aliviarse un poco más para
que de ese modo las cosas mejorasen un poco.
Levantándose
temprano, vistiéndose con un pantalón verde claro que poseían unos tirantes
blancos, un saco marrón y una camisa blanca.
Colocándose un sombrero vaquero negro,
el joven Jerry se sentó a esperar a su padre. Luego de unos minutos se impacientó y le dijo:
-
¡Papá!
¡Me lo prometiste!
-
Si
ya sé, ya sé- se quejó Ryan desde su habitación- sé que lo hice, allí voy pequeño
Al poco
tiempo apareció con una camisa blanca, unos pantalones vaqueros grises y un
sombrero blanco
-
Bueno
pequeño- sonrió Ryan- es hora de que aprendas a arriar
-
¡Siiii!-
gritó de júbilo Jerry
Ambos
salieron a la puerta para ir por sus caballos y después por las vacas.
. . .
Llevaban el
ganado con la mayor facilidad posible,
Jerry en todo momento era acompañado por su padre quien le indicaba:
-
Vas
bien hijo, solo que debes ser más cuidadoso en el arreo
-
¡Yeeehaaa papá!- reía Jerry por la emoción- ¡Esto es
divertido! Pero qué pena que no pueda usar el lazo
-
No
te desanimes hijo, aun estamos a una gran distancia de la granja de los MC
Cullister, por lo que es posible que
tengas la suerte de usar el lazo
-
¡Yeehaaa!-
gritó otra vez de felicidad Jerry mientras continuaba arreando
Debieron
continuar unos kilómetros más de arreo en pleno desierto cuando un joven Ternero se
alejó del grupo, sin que los demás lo supiesen, y se dirigió a donde estaba la
colina en donde se encontraba descansando la pistolera.
El Ternero comenzó
a mugir haciendo que aquella mujer de cabellos rojizos abriese sus ojos
azules. Lo primero que vio fue una nube
de polvo a la distancia y después oyó al ternero mugir. Los rayos del sol le indicaban que era tarde,
posiblemente las diez de la mañana. Con
un quejido decidió levantarse para comenzar el descenso de la colina.
Uno de los
terneros se había escapado. Jerry fue el
primero en notarlo, debido a que su padre le había dicho que debía contar los
adultos y a los pequeños en todo momento.
Cuando partieron eran cinco pequeños y, a su lado, siete adultos. Eso lo molestó bastante por lo que decidió
separarse un momento.
-
Papá,
nos falta un ternero, debo ir por él ¿Puedes esperarme o debemos entregarlos a
tiempo?- le preguntó Jerry con preocupación
-
Puedo
moverlos lentamente; pero hare lo que pueda para esperarte hijo- le
aseguró Ryan
-
Gracias
papá- le contestó Jerry cabalgando en dirección a donde se encontraba el
Ternero faltante
Cuando la
Mujer Sin Nombre bajó de la colina, vio al Ternero con calma. El animal mugió
en señal de pregunta, por lo menos eso le pareció a la Mujer Sin Nombre. Ella no quiso responder a su pregunta y cuando
oyó un galopar cercano, vio a un
muchacho demasiado agradable, de aspecto frágil e inocente todavía, acercarse a
ella. El muchacho detuvo su cabalgar
inmediatamente y se quedó sorprendido al verla.
La Mujer Sin
Nombre lo vio por un minuto y, sonriendo, le preguntó:
-
¿Acaso
este Ternero es tuyo?
-
S…
si- le respondió el muchacho con la voz entrecortada por los nervios
-
Bueno,
ven a buscarlo. Siendo un ternero tan rechoncho posiblemente podrían venderlo
al rodeo a un buen precio- le aseguró aquella mujer sonriente
. . .
Jerry creía
saber dónde estaba el Ternero que faltaba,
siguiendo las huellas de las vacas pudo descubrir que una de ellas se separaba del resto a unos metros de donde
él había dejado a su padre. Cuando
siguió las huellas logró encontrar el Ternero tal y como imaginaba; pero se
sorprendió al ver a la mujer que estaba a su lado. Ella era imponente. En un principio pensó que se trataba de un
hombre ya que nunca antes había visto a una mujer tener un aspecto tan
amenazador como también imponente, su
saco negro con piolas blancas que colgaban en sus mangas ya de por si le daban un tono intimidante; pero el sombrero negro, las
botas marrones y esa cicatriz en el ojo izquierdo eran más de lo que
Jerry podía comprender al ver aquella mujer, incluso se preguntaba si era una mujer. Ella le inquirió si el Ternero le pertenecía
a lo que él le contestó que, en efecto, así era. Aquella imponente mujer le dijo que lo fuese
a buscar; pero era más fácil decirlo que hacerlo. Por lo que nervioso le respondió:
-
¡Bah!
No es para tanto. Un Ternero no es nada comparado con cinco o seis y no me
hagas hablar de sus madres, por lo que no creo que uno haga la diferencia. Si
quieres puedes quedártelo, siempre puedo decir que se me perdió
-
¿Qué
sucede pequeño? ¿Acaso me tienes miedo?- le preguntó la mujer con un tono burlón
-
¿Miedo?
¡Je! ¡Para nada!- le respondió Jerry, mientras intentaba no verse nervioso ante
ella- lo que sucede es que se me hace todo un mundo el llevar este ternero
rebelde a donde están los demás
-
Supongo
que si es complicado, sin embargo puedo ayudarte a cambio de que me muestren
donde queda el pueblo más cercano- le pidió la Mujer Sin Nombre a lo que Jerry
le dijo
-
Bueno…
sí, no hay problema, yo con gusto te diré donde…
No pudo
continuar porque oyó el sonido de disparos en las cercanías. Era su padre, al parecer había problemas.
. . .
Ryan estaba
comenzando a preocuparse por su hijo, al parecer algo lo retenía, estaba por ir
a buscarlo con las demás vacas acompañándole cuando oyó el sonido de disparos
cerca suyo. Miró a los costados para ver
cómo, desde una distancia pequeña
saliendo de las colinas y cerros que había cerca, unos tres cuatreros aparecieron de la nada. Todos vestían igual: una
camisa azul con un poncho colorido.
Sombreros marrones o mexicanos y, por supuesto, los tres tenían una
barba negra muy tupida, aun así se podían
distinguir. Uno era un sujeto de cara
redonda con un bigote grueso, el llevaba
un sombrero mexicano. El segundo
cuatrero solo tenía ojos azules y el tercero una expresión más seria, era
claro que él era el líder.
-
Hola
Mano- lo saludó el Mexicano- lindas
vacas tienes carnal
-
Son
mías- le dijo Ryan intentando no sonar preocupado- las llevo a otra parte
-
Seguro
que para cobrar una cierta recompensa- le contestó el Líder de los ladrones-
pero temo decirte que ese dinero es nuestro, por lo que tendrás que
entregárnoslo a menos que desees morir
-
Yo…-
decía Ryan tratando de no sonar aterrado; pero la verdad es que lo estaba- no puedo, hice un compromiso
-
Despierta
mano- le dijo el Mexicano riendo- ¿Que son los compromisos sin la vida o la
vida sin compromisos? En tu caso no tendrás compromisos ni vida si sigues
jugando al duro
-
Se
inteligente- le aconsejó el otro cuatrero- entréganos el ganado y te dejaremos
vivir
-
¿Lo…
lo prometen?- preguntó Ryan aterrado
-
Palabra-
prometió el Mexicano sonriente
-
¡B…
bien! ¡Tómenlo!- exclamó Ryan con vergüenza. Se decía a si mismo que cedía para
no morir y dejar a su hijo solo, lo hacía
por su hijo, por su hijo
-
Ya
oyeron chicos, tomemos el ganado- rió el líder dando orden a los otros dos de
que comenzasen a arrear a las vacas, esbozando una tétrica sonrisa dijo- y
ahora para que no hayan testigos
-
¡P…
pero me … dijeron que…!- exclamó Ryan encontrándose al borde del pánico
-
Mentimos-
le respondió el Líder con un tono frío a la vez que cruel
Ryan cerró
los ojos dispuesto a recibir el disparo cuando se escucho el tiro y la mano del
líder exploto en pedazos.
. . .
La Mujer Sin
Nombre miró a la distancia al escuchar los disparos y le preguntó al pequeño:
-
¿Quiénes
te acompañan?
-
Mi
padre, está él solo- le respondió Jerry aterrado- ¡Tengo que ir a ayudarlo!
-
Espera-
le habló con severidad aquella mujer- es muy peligroso, déjame ir en tu lugar
-
¡No!
¡No puedo hacerlo!- exclamó Jerry
-
Te
doy mi palabra de que tu padre estará bien- le prometió aquella misteriosa
mujer, añadiendo- pero debo ir yo en el caballo
-
Yo…
está bien ¡Ve! ¡Por favor! ¡Sálvalo!- le rogó Jerry bajándose de su caballo
-
Eso
hare- le respondió la Mujer Sin Nombre subiendo al caballo, de un solo
movimiento agitó las riendas y comenzó a
cabalgar
Durante la
cabalgata, sacó su pistola Colt y vio, a la distancia, a quienes se encontraban
allí, no tardó nada en descubrir quién era el padre del muchacho: un joven
apuesto que parecía ser igual de inocente que su hijo. Furiosa, apuntó a la
distancia la palma del que parecía el líder de los cuatreros y disparó
destruyéndole la mano.
Aquel sujeto
gritó de dolor tomándose el muñón con su mano libre. El del medio miró asombrado lo que ocurría y
antes de poder hacer un solo movimiento, oyó otro disparo. Su pecho estalló matándolo en el acto, Ryan observaba como aquel ladrón caía al
suelo como si fuese un muñeco de algodón.
El Líder de
los Cuatreros, con lo que le quedaba de mano todavía doliéndole, desenfundó con rapidez su revólver; pero aquella misteriosa mujer saltó del caballo en
movimiento para arrastrarse de espaldas sobre la tierra y disparar con sus dos
armas a donde estaba el pecho de aquel ladrón.
Este recibió cuatro disparos en una línea descendiente que comenzaba en
el pecho y terminaba en el estomago. El Líder
dio un grito mientras mantenía sus brazos hacia arriba. Después cayó al suelo muerto.
Ryan estaba petrificado por el miedo y el asombro,
sintió al mexicano sosteniéndolo de la espalda mientras le colocaba su arma en
la cabeza.
-
Un
paso mas mojita y este cuate valdrá verga- la amenazó el Mexicano con una
mirada psicótica
Ella lo vio
en silencio por un minuto, como si estudiase cualquier variante, después sonrió
y, sin decir todavía una palabra, disparó con una gran velocidad a donde se
encontraba la cabeza del mexicano que recibió un agujero en la frente y la sangre
exploto sobre su nuca. Aquella arrugada frente solo tenía en cambio una leve
gota que corría desde donde esta comenzaba hasta donde estaba la nariz, como si
fuese una gota de sudor. Las cuencas del mexicano se hicieron para atrás y
soltó su arma, todo su cuerpo cayó de costado hacia el suelo. El duelo había terminado.
-
¡Cielos!-
gritó Ryan horrorizado, exclamando- ¡Oh dios mío! ¡Yo…!
-
Tranquilo
amigo, solo respira profundo, todo termino- le habló la Mujer Sin Nombre con un
tono tranquilo pudiendo calmarlo un poco
-
¡Oh
dios mío!, ¡Gracias, muchas gracias! ¡No sé como agradecértelo!- continuó
Exclamando Ryan, aunque se había tranquilizado, sus cuerdas vocales todavía
estaban alteradas y no podía medir el volumen de su voz
-
Solo
deja que los acompañe hasta su destino y después díganme donde está el
siguiente pueblo, eso será pago suficiente- les respondió la Mujer Sin Nombre
esbozando una sonrisa agradable que terminó por calmar a Ryan
-
Sí,
claro, por favor ven con nosotros… por cierto. Hola, mi nombre es Ryan y tú ¿Cómo te llamas?
Tras un
minuto de duda ella le respondió:
-
No… no lo recuerdo
Siendo así
que la Mujer Sin Nombre conoció a su futuro mejor amigo, Ryan junto a su hijo
Jerry.
LA NUEVA INQUILINA
Su mente
estaba en blanco desde hacía años. Ella no recordaba su nombre, tampoco su
procedencia, solo recordaba sus habilidades y que las cicatrices que llevaba
fueron hechas en la Guerra.
Ryan la miró
sorprendido a lo que ella le devolvió la mirada mientras preguntaba:
-
¿Acaso
dije algo malo?
-
No,
para nada, creo- le contestó Ryan sintiéndose un poco nervioso delante de
aquella misteriosa mujer, moviendo sus manos abiertas en señal de que se
tranquilizara un poco le aclaró- es que, me sorprende que no recuerdes tu
propio nombre
-
Suele
pasar ¿Que no existe la llamada amnesia?- le contestó la Mujer Sin Nombre
cargando sus revólveres con las balas que estaban en las cartucheras de su cinturón
-
¡Sí!
¡Claro que sé de la amnesia! Pero me sorprende que aun así no hayas decidido darte
un nombre siquiera- le explicó Ryan tratando de salir de su asombro inicial
-
Tampoco
es que necesite de uno ¿Verdad?- se quejó la Mujer Sin Nombre molestándose con
Ryan mientras continuaba cargando sus revólveres
-
¿Y
cómo te llaman tus amigos?- le preguntó Ryan con una gran ingenuidad que hizo reír
a la Pistolera
-
¿Amigos?-
rió ella- ¿Acaso ves a algún amigo por
esta zona? Soy una Loba Solitaria señor
Ryan
-
¿Y
a donde se dirige señorita?- le preguntó Ryan con una inocente curiosidad que se desvaneció al notar como ella lo miró
con dureza, diciéndole
-
A
California, debo ir allí … por algo que
tampoco recuerdo; pero es como una necesidad ¿Acaso desea continuar con este
interrogatorio o llevar las vacas a su destino jovencito?- le habló con
molestia la Mujer Sin Nombre
-
Cierto…
lo siento, tiene razón señorita…- asintió Ryan rascándose la nuca en señal de
pena, su sonrisa nerviosa solo incomodó aun mas a la Mujer Sin Nombre quien le
contestó
-
Mira, si tanto te incomoda el que no tenga un
nombre, entonces me puedes llamar La
Pistolera o, si te es más cómodo, Colt
-
¿Colt?-
preguntó sorprendido Ryan
-
Por
mis armas- le respondió ella sonriente mostrándole sus revólveres de la marca
Colt 45
-
De
acuerdo, pero antes debo ir por mi hijo y después iremos a nuestro destino,
Colt- le pidió Ryan remontando su noble corcel
-
Esta
cerca, se encuentra cuidando de un novillo escurridizo- le aseguró Colt
esbozando una sonrisa divertida
-
Pues
allí vamos- suspiró, incómodamente, Ryan yendo por su hijo
. . .
Ryan cabalgó
a donde se encontraba Jerry, quien al verlo exclamó:
-
¡Papá!-
corriendo con todas sus fuerzas, lo
abrazó exclamando- ¡Gracias a Dios que estas bien!
-
Tranquilo
hijo- lo calmó Ryan sonriéndole con cariño y recibiendo el abrazo de su hijo-
todo está bien, Colt me salvó la vida
-
¿Quién?-
preguntó Jerry sorprendido
-
Nuestra
amiga de cabello rojo y aspecto intimidante hijo, al parecer se llama Colt- le
contestó Ryan con un tono de sorpresa y alegría combinada- ahora vamos, tenemos
trabajo que hacer
-
Si-
asintió Jerry soltando a su padre y subiendo al caballo que Ryan cabalgaba,
ambos llevaron al ternero con las demás vacas
Durante la
cabalgata, los tres se mantuvieron muy callados. Ryan y Jerry miraban a Colt quien simplemente
cabalgaba a su lado sin decir una sola palabra o dar indicios de querer hacer
algo que no fuese acompañarles en silencio.
Jerry no soportó más la curiosidad y unos metros antes de llegar a
destino le preguntó a Colt:
-
Colt,
discúlpame el atrevimiento, pero ¿Dónde te hiciste esa cicatriz?
-
¡Jerry!-
exclamó con enojo Ryan
-
En
la Guerra- le respondió Colt con calma, como si no le molestase
-
Por
favor perdónelo señorita, es que es algo curioso en algunas oportunidades y no
suele medir el impacto de sus palabras- lo excusó Ryan sintiéndose un poco
avergonzado, pero igual de curioso que su hijo
-
En
realidad me gusta ese espíritu curioso de aventura- le contestó Colt con una sonrisa,
en su mirada se veía algo similar a una chispa de emoción- si el ser Humano no
fuese curioso ¿Dónde estaría ahora? Casi
seguro que en esas mugrosas cavernas siendo todavía animales salvajes
-
¡Vaya!
¿Colt, acaso peleaste en la Guerra Civil?- preguntó Jerry sorprendido
-
No-
le respondió ella
-
¿La
Guerra contra Texas?- volvió a preguntar Jerry, asombrado
-
Tampoco-
añadió ella
-
¿Las
Guerras Napoleónicas?- continuó Jerry con su interrogatorio- ¿O las de la
independencia?
-
¡No
soy tan vieja!- rió ella cerrando sus ojos y colocando su mano enguantada sobre
su boca en señal de gracia
-
¿Entonces
en que Guerra combatiste?- le terminó de preguntar Jerry sorprendido
-
Ya
sabes, la Guerra ¿Acaso ya la olvidaron todos?-
preguntó Colt con una expresión de confusión y sorpresa- fue la más
grande que pudo ocurrir en el mundo
-
¿Hablas
de una guerra a nivel mundial?- le preguntó Ryan sorprendido
Colt les
miró con cierta incredulidad y tras hacer una exclamación de sorpresa, les dijo
con una sonrisa:
-
Olvídenlo,
posiblemente el muchacho tenga razón y fue en la Guerra Civil. Mi cabeza ya no
funciona como antes
-
¿Qué
es lo máximo que recuerdas Colt?- le preguntó Ryan sorprendido ante las
actitudes de su reciente amiga
-
Yo
recuerdo… recuerdo- les contaba Colt mientras sus ojos azules se perdían en el
horizonte
. . .
Veía los
campos verdes y los largos prados que formaban parte de su hogar. Recordaba
cosas que le eran vagas: grandes fiestas, un castillo medieval, caballeros de
brillante armadura, un Rey junto a su
Reina y una Cruzada, la ultima de todas, la que definiría el destino de la
tierra… la Gran Guerra que hubo tantos
años atrás. Recordaba los bailes al compás del trovador y la fiesta, la fiesta
en que lo conoció… después nada más.
Movió la cabeza con rapidez para añadir:
-
Solo
campos y prados pero nada más, ni siquiera recuerdo mi nombre ¿Cómo podría
recordar mi procedencia?
-
Tienes
razón, lo siento- se disculpó Ryan bajando la cabeza en señal de pena
Ella se
mantuvo nuevamente en silencio sin decir una sola palabra más y continuó con su
cabalgata; pero Jerry creía que Colt sabía algo más, solo era cuestión de tiempo para que lo descubriese. Sonriendo continuó su cabalgata en silencio.
. . .
Cuando
llegaron a donde estaba el rancho de MC Cullister, él ya los estaba esperando. Era
un hombre de unos sesenta años, vestía una camisa blanca con un chaleco marrón,
tenía unos pantalones con chaparreras de cuero marrón. Cuando salió a recibirlos lo primero que hizo
fue notar la imponente presencia de Colt y exclamó:
-
¡Cielos!
¡¿Acaso eso es una dama?!
-
Nunca
dije serlo- le contestó Colt molesta, tomando de su bolsillo una harmónica y comenzar a tocarla logrando calmarse en poco
tiempo
-
Es
una amiga nueva MC Cullister- le respondió Ryan guardando la calma y contándole lo
ocurrido- y es gracias a ella que tus
vacas llegaron a tiempo
Luego de que
MC Cullister recibiese las vacas y terneros,
le dio el dinero de la entrega a Ryan y se despidieron, Colt se subió a su caballo diciéndoles:
-
Cumplí
con mi parte del trato, ahora ustedes cumplan con la suya: llévenme al pueblo más
cercano
-
Y
eso haremos- le respondió Ryan iniciando la marcha, preguntándole- cuando
llegues allí ¿Qué es lo que harás Colt?
-
Buscar
donde comer y dormir un poco, quizás me lleve a la cama a algún sujeto que me
caiga bien- le contó ella largando un gemido de enojo, comenzando a cabalgar
-
¡Oye,
Colt espera!- le pidió Ryan, asombrado
ante lo que ella decía- tenemos una casa cerca del pueblo y también un poco de
Whisky del bueno. Lo último no lo poseemos pero si esas dos cosas
-
¿Acaso
te preocupas por mi?- le preguntó Colt secamente
-
No-
le respondió Ryan, añadiendo- en realidad me preocupo por los pobladores,
veras Colt… Miracle Town no es como los demás pueblos del
Oeste
. . .
Fundado en
1864 por varios refugiados de la Guerra Civil que se habían convertido al
catolicismo, después de ver como las ciudades del estado de Carolina Del
Sur sucumbían ante el fuego del ataque
de los Yanquis del Norte. Ellos habían huido al oeste siendo liderados por un
ser misterioso llamado El Profeta. Este
ser era un hombre alto, vestido con una sotana roja que cubría todo su cuerpo y
portaba una máscara de yeso que ocultaba su rostro. Aquella pálida cara tenía las facciones de un
posible filósofo griego, con unas expresiones que por momentos parecían mostrar
que se encontraba reflexionando o bajo una ira asesina. La boca se encontraba
abierta aunque no había rastros de los labios del que portaba dicha mascara,
solo oscuridad en la misma y también en sus ojos, los más negros como si fuesen
de la noche. El cabello tallado era corto y apenas se notaba tras esa capucha
larga de color rojo como la sangre. El
Profeta era alguien muy poderoso para todos los que iban a oír su sermón los
domingos. Su voz era potente, como si de un trueno se tratase y sus palabras
evocaban poder, admiración y temor. Todos veían a aquel extraño hombre como si
fuese la encarnación física de Dios. Todos menos Ryan, él nunca estuvo a favor del Profeta debido a
que su hogar había sido construido en 1861, unos años antes de que el pueblo
fuese fundado, por lo que se encontraba muy en el límite, en el límite del
pueblo, en el límite de la tolerancia con los pobladores y en el límite de la
paciencia del Profeta. Para Ryan, aquel
hombre era un loco que les había lavado el cerebro a los pobladores
aprovechando su miedo y sus heridas emocionales sufridas durante la guerra. Aquel
monstruo era un tirano que sometía al pequeño pueblo de Miracle a su gusto y
placer. Hasta ese momento Ryan había
mantenido la raya con los pobladores del lugar, pero haría unos días atrás…
Miró a Colt
y le dijo:
-
En
Miracle Town no hay tabernas, no hay bebidas alcohólicas y mucho menos hombres
que te sean de tu agrado Colt- con una sonrisa que emanaba pesar antes que
alegría, le ofreció su mano mientras le rogaba- por favor, ven con nosotros
Ella lo miró
en silencio y con severidad por unos minutos, tras cerrar los ojos largando un
suspiro de cansancio, le contestó:
-
Solo
porque no quiero pasar la noche en otro desierto, pero mañana a la mañana me iré
-
Entendido-
asintió Ryan sonriendo- y… gracias
-
No
tienes que darlas- se quejó Colt cruzándose de brazos mirando hacia otro lado
-
¡Yupiii!-
exclamó de alegría Jerry alzando sus manos en señal de alegría
Colt los miró
y se quejó nuevamente, esto no estaba saliendo como lo había pensado la noche
anterior.
. . .
Cabalgaron,
toda la tarde hasta el anochecer, hacia la casa de Ryan. Se mantuvieron en silencio
durante todo el trayecto. Cuando llegaron la expresión de Jerry fue de asombro y la de Ryan
fue de dolor. Colt se bajó de su caballo
para acercarse a donde estaba la entrada de aquella casa que se veía muy bella,
hecha de troncos dándole el aspecto de una cabaña antes que de un hogar del
oeste. Las ventanas eran de un estilo más victoriano y se podía ver que esta
gozaba de un amoblado demasiado esquicito.
Sin embargo Colt notaria todo eso después, en ese momento ella observaba
un letrero escrito con cenizas en la puerta de la entrada que decía:
RYAN BILLSWOURD, TIENES DIEZ DIAS
PARA ARREPENTIRTE O MORIRAS POR LA MANO DE DIOS Y DE SUS ÁNGELES VENGADORES
CAPITULO 3
LAS AMENAZAS DEL PROFETA A LA FAMILIA BILLSWOURD
Colt se acercó
a donde estaba la inscripción y la tocó, las cenizas aun estaban frescas.
-
siguen
aquí- afirmó Colt con severidad, sin perder tiempo sacó sus revólveres y entró
por la puerta de la casa
-
¡Colt
espera!- le gritó Ryan pero era tarde, ella ya había entrado.
Colt se
adentró por la casa, moviéndose por las paredes de la misma, escuchó con
atención su entorno, al cabo de un minuto oyó una respiración y, sin dudarlo, se lanzó al suelo mientras que
apuntaba con su arma a donde estaba la puerta de la alacena. Disparó sin previa
advertencia, vaciando los tambores de sus revólveres, a la puerta, esta se abrió
abruptamente, saliendo de ella un hombre obeso con cabello largo canoso y una
barba, igual de blanca, muy desarreglada, parecía un estereotipo de minero del
viejo oeste. Aquel hombre tenía los dedos llenos de carbón y un revolver en su mano derecha. Gimió un poco
antes de caer al suelo muerto sosteniéndose su estomago mientras soltaba su
arma. Todo había terminado.
Colt se
levantó cautamente con sus armas todavía en las manos. Oyó los sonidos de su
entorno nuevamente, cerró los ojos esperando sentir algo que pudiese estar
fuera de lugar en aquella casa, no oyó nada. Solo los pasos de Ryan quien se
acercaba corriendo a donde ella estaba.
Ryan tenía
su corazón latiendo a mil, ni bien oyó los sonidos de disparos temió ver a Colt
muerta. Pero en su lugar se encontró con el cadáver del viejo Rooney, aquel
ebrio loco había sido quien los estuvo amenazando tres días atrás.
Colt se
levantó del suelo y lo vio severamente diciéndole:
-
El
arma estaba cargada y lista para ser usada contra ti ¿Acaso has estado molestando a alguien que no
debías muchachito?
-
Así
parece- le respondió Ryan con pesar-
Colt, tengo unas tazas de café listas para ser usadas, preparare un
poco. Tengo algo que contarte, en realidad a quien debo decírselo es a mi hijo;
pero si estarás aquí esta noche, lo justo es que tú también lo sepas
Sin añadir
nada más, se retiró a donde estaba la cocina.
. . .
Sirvió el
café en las tres tazas blancas mientras comenzaba a contarles lo sucedido:
-
Esta
casa ha estado en esta tierra desde mucho antes de que Miracle Town fuese
fundada, mis padres la construyeron en mil ochocientos sesenta y uno. Aquí he
crecido, me hice un hombre y conocí a la asombrosa mujer que sería la madre de
mi hijo, también aquí fue donde ella…
falleció- contuvo un sollozo al decir aquello- mi hogar es rico en
tierra fértil, se encuentra en un punto estratégico dentro del mismo pueblo
debido a que este se ubica a unos metros del oasis donde las vacas, Carneros e
incluso, en algunos casos, ovejas y caballos van a tomar algo, permitiéndome
tomar los animales que me hagan falta para aumentar mi riqueza. Sin embargo,
como podrás notar Colt, a pesar de tener toda esta abundancia nosotros vivimos
en humildad
-
Lo
pude ver ni bien entre- enfatizó ella con un tono serio y calmo
-
Sin
embargo, hace unos cuatro días atrás, El Profeta vino a verme. Yo me sorprendí
de que quisiese hablar conmigo ya que no suelo compartir ideas con él, tanto
políticas, religiosas o morales- continuó Ryan-
desconocía el porqué de su visita hasta que hablamos
“En un
principio me sentí confundido por su presencia y lo vi en silencio. Pero antes
de poder hablar él me dijo:
-
Señor Billswourd,
es bueno ver que he podido encontrarle en casa a tiempo- me habló con un
tono casi amenazador
-
Aun
no salgo a hacer mis mandados- le respondí
con calma
-
Bueno
señor Billswourd, antes de que saliese, le agradecería que me diese unos
minutos de su tiempo- comenzó él con ese tono de misionero evangelizador
persistente
-
¿Para
qué?- le pregunté con severidad
-
Señor
Billswourd, usted ha vivido en nuestro pueblo durante años, incluso antes de
que este se fundara. Ahora siendo usted un hombre adulto que goza de tantas riquezas
¿No piensa que debería compartirlas con los humildes?
-
¿Que
no lo hago cuando llevo mis animales a otros ranchos o cuando dono a su iglesia
no solo dinero sino alimentos para los pequeños que pasan hambre en su pueblo?-
le dije con un tono de enojo
-
¡No
sea impertinente!- me espetó El Profeta obviamente enojado con mi respuesta
-
¡Usted
es el impertinente al venir a mi propiedad insinuando cosas indebidas!- le respondí
furioso
-
Señor
Billswourd, yo no insinuó nada, lo digo todo directamente y sin malos entendidos.
Usted ha vivido de la riqueza natural de Miracle durante años, ahora, como
Profeta de Dios, le exijo que comparta su riqueza con los humildes
-
¿Y
como lo haría?- le pregunté molesto
-
Su
casa es un lugar muy bendecido señor Billswourd, por lo que deseo su hogar para
poder convertirlo en una capilla que tenga lo necesario para aprovechar las
bendiciones de nuestro señor a este pueblo
-
¡¿Cómo
se atreve?!- rugí furioso a lo que El Profeta me dijo
-
Sé
que es prematuro, por eso le daré un lapso de trece días para poder pensar las
cosas bien y darnos lo que deseamos. Recibirá la visita de un enviado celestial
para recordarle su deber en el mundo, buenos días señor Billswourd- me respondió
aquel sujeto con un tono tranquilo yéndose de allí cuanto antes
Yo me quede
respirando de forma agitada y decidido a no ceder ante las presiones de esos
malditos. Después todo comenzó de forma rápida y dolorosa. Una nota en mi mesa
de noche que decía que tenía trece días, luego una escritura hecha con carbón
en el ropero de mi habitación, a pesar de que esa noche había cerrado con llave
la puerta y a la vez puesto pestillo a las ventanas. El mensaje era el mismo
pero con el numero 12 en lugar del 13 escrito en el mensaje. Ayer, en la almohada de mi difunta esposa,
una nota con la misma inscripción, diciendo que tenía once días. Hoy
son diez, temo lo que pasara cuando llegue a cero”.
Al finalizar
su relato, Ryan se puso las manos en el
rostro y rompió a llorar por la pena que sentía.
. . .
El llanto de
aquel pobre hombre en un principio la irritó. Si había algo que ella no
soportaba era a los patéticos cobardes incapaces de defender lo suyo, pero
cuando vio como el pequeño se acercaba a él para abrazarlo fue que entendió que
algo mas estaba ocurriendo en realidad.
Colt miró con detenimiento la casa mientras rememoraba lo que aquel
muchacho le había dicho. El hogar donde creció, donde se crió y donde conoció a
la mujer que amó hasta que ella… después
entendió lo que pasaba por lo que el enojo inicial cambio inmediatamente a una
sensación de pena por lo que le dijo con un tono calmo y agradable:
-
Tranquilo,
sé que no es sencillo el poder cargar con tantas responsabilidades a la vez y
ser amenazado injustamente
-
¿Qué?-
preguntó Ryan mientras dejaba de llorar y la miraba con asombro
-
Viendo
que has sido amable al ofrecerme tu hogar, a pesar de ser una forastera
desconocida, lo justo es compensarte con un acto de autentica generosidad- le contestó Colt levantándose de la mesa y se
dirigiéndose a la ventana- te prometo
que no se llevaran tu casa y tampoco dejaré que te hagan daño a ti o al pequeño
-
¡Colt!-
exclamó Jerry sorprendido- ¿Acaso piensas enfrentar al Profeta?
-
En
efecto, eso haré- le respondió Colt mientras seguía mirando por la ventana
aquel oscuro paisaje nocturno- pero antes deben decirme una sola cosa
-
¡Sí,
claro! ¿Qué es lo que quieres saber, Colt?-
le preguntó Ryan completamente emocionado
-
¿Tienes
una escopeta?- le respondió Colt viéndolo de reojo y sonriéndole de forma
tranquila
Ryan le dio
la escopeta que tenía en su habitación. Ella la tomó sonriéndole con cariño, abrió
el caño donde se cargaba la munición y se fijó si esta estaba cargada. Luego de
cerciorarse, cerró la misma diciéndole a Ryan:
-
Haré
guardia esta noche, ya de por si les debe haber inquietado el que su amigo no
haya vuelto tras dejar el mensaje, ni bien vea algo sospechoso procederé a
matarlos
-
¿No
deseas que te ayudemos en algo?- le preguntó Ryan totalmente aterrado
-
No
hará falta- rió Colt- solo vayan a sus habitaciones o a la del niño si piensas
que puede ser peligroso estar en la tuya esta noche
-
Colt
¿Estás segura realmente de qué quieres hacer esto?- preguntó con horror Ryan
-
Es
lo menos que puedo hacer por haberme dejado pasar la noche aquí- le aseguró
Colt sonriendo- ahora ve, estoy segura de que no tardaran en llegar
-
Si-
asintió Ryan dirigiéndose a la pieza de su hijo
Colt apagó las velas que tenía a su alrededor, después
de estar a oscuras en la casa se posó cerca de la ventana para ver el bello,
pero peligroso en ese momento, paisaje nocturno. Luego de unas dos horas de completa
inmovilidad en el ambiente, Colt notó que tres siluetas se dirigían a donde
estaba la puerta de la casa, también
notó que llevaban algo más. Al parecer esos
desgraciados tenían un barril de querosén, o algo cercano al mismo. Colt entendió lo que iban a hacer a
continuación. Tomó la escopeta y corrió
a donde estaba la puerta de entrada.
Al parecer
los días se habían terminado abruptamente, aquellos sujetos iban a quemar la
casa con sus ocupantes adentro. Eran
tres hombres que vestían camisas blancas y pantalones negros. Estos llevaban un
crucifijo en sus cuellos. Uno era pelado
con barba llena de canas en el mentón,
el otro tenía el cabello blanco y se veía muy delgado. El tercero era de piel morena con un cabello
negro muy abultado. Estos comenzaron a
destapar el barril cuando se escuchó cómo se rompía la ventana de entrada. El sonido del disparo de una escopeta tronó en
aquella silenciosa noche. El barril explotó en pedazos junto con el hombre de
barba canosa que todavía sostenía dicho artefacto. Horrorizado comenzó a correr por todos lados
quemándose y haciendo señales de agonía con los brazos.
El hombre de
cabello blanco desenfundó su pistola pero, antes de poder apuntar, tres
disparos le destruyeron el pecho matándolo en el acto.
El último
que quedaba comenzó a correr cuando sintió que algo tomaba sus pies obligándolo
a caer al suelo. Cuando vio atrás suyo
que era lo que lo había inmovilizado notó que era un lazo lo que tenía en las
piernas. No alcanzó a hacer cualquier otro movimiento porque Colt estaba
saliendo de la ventana arrastrando a su presa a la vez que lo apuntaba con su revólver.
-
¡No!
¡Espera, por favor!- le rogaba aquel hombre
-
El
queroseno ¿Qué iban a hacer con él?- le preguntó Colt furiosa
-
Solo
íbamos a incendiar la tierra para mandar un mensaje- le contestó aquel hombre
aterrado- no íbamos a quemar la casa ¡Lo juro!
-
Bien,
tú tienes un mensaje que enviar y yo también tengo uno que dar, ¿Lo transmitirías
por mí?- le preguntó Colt furiosa
-
Si
claro- le contestó aquel hombre
-
Entonces
escucha- le dijo Colt y, sin añadir nada mas, le disparó en el pecho con sus
armas creando una letra en cada disparo
A la mañana
siguiente, en la entrada de la iglesia,
todos los habitantes, sobretodo el Profeta, encontrarían el cuerpo
muerto del mensajero que tenía una leyenda grabada con las balas y la sangre en
su pecho. Dicha inscripción decía:
“TIENES UNA SEMANA PARA ABANDONAR EL PUEBLO”
El Profeta
gruñiría de ira al ver aquello, al parecer tenía una rival en el pueblo.
Ryan abrazó
a su hijo durante esa fatídica noche mientras oía los gritos de agonía de los
mensajeros seguido de los disparos. A la
mañana siguiente, cuando bajó a la cocina para ver si esta quedaba en pie, se
sorprendió al notar que lo único que había sido destrozado era la ventana pero
todo lo demás seguía en pie.
Colt estaba
tomando un poco de café cuando vio a Ryan y lo saludó diciéndole:
-
Buenos
días amigo ¿Cómo dormiste?
-
No
muy bien ¿Qué paso anoche?- le preguntó
Ryan acercándose a ella para ver si se encontraba bien
-
Quisieron
darte un mensaje, pero yo lo recibí por ellos y les di otro como paga- le
respondió Colt calmadamente, bebiendo un
sorbo de su café
Ryan iba a
continuar su conversación cuando notó algo en el dorso de la mano derecha de
Colt. Era una horrible lastimadura que parecía
haber sido hecha con un hierro caliente. Esta se encontraba en el centro del
dorso y era una letra que decía: D
Totalmente horrorizado
al ver eso no pudo evitar preguntarle:
-
¡Por
Dios Colt! ¡¿Quién te hizo eso?!
Ella vio su
herida y, por un momento, su mirada segura se desvaneció para aparecer en su
lugar una mirada de tristeza seguida de angustia, como si fuese una niña asustada
antes que una mujer aguerrida. Rápidamente, con un gruñido de enojo, se puso su
guante negro y le dijo:
-
Fue
en la Guerra, con esto nos identificaban según nuestra… de todos modos no te preocupes, me hice cargo
de que el responsable tuviese todo el abecedario marcado en su maldito cuerpo
antes de que lo descuartizáramos vivo
-
¡¿Acaso
el ejercito confederado te hizo esa barbaridad?!- continuó Ryan totalmente
indignado y emocionalmente quebrado
-
Ryan,
hay más guerras en el mundo además de las de Estados Unidos. En la que
participé se dio hace tanto, que incluso no me sorprende que esta sea
desconocida. Sin embargo no te angusties amigo, todo eso sucedió hace tanto
tiempo atrás que técnicamente apenas si le doy importancia, como bien dice el
dicho: lo que no te mata, te hace mas fuerte
-
¡Eres
una mujer muy valiente!- exclamó Ryan de manera apasionada. Sonrojándose y
rascándose la cabeza en señal de pena, añadió- lo cual es bueno, no creo que
todas las mujeres deban ser frágiles o indefensas
-
Gracias,
supongo que tampoco es necesario que todos los hombres sean fríos o
insensibles, también los hay sensibles y cariñosos- le aseguró Colt con una
sonrisa amistosa
Al ver como
aquella mujer desconocida realmente se preocupaba por él, Ryan no pudo hacer
otra cosa que no fuese sonreír y asentir.
Se sirvió café y la vio, sintiendo en su corazón como nacía nuevamente
un cariño muy grande hacia aquella valiente pistolera.
Colt, por
otro lado, pensaba que sus memorias todavía estaban borrosas como para decirle
todo lo que le había pasado durante aquella Gran Guerra. Era cierto que había
sido herida físicamente durante dicho
conflicto. También que su inocencia junto a su antigua ingenuidad habían muerto
aquella vez que la azotaron, marcaron en la mano e incluso le arrancaron algo
que no podía recordar bien. Pero también era verdad que ella se hizo cargo de
que aquel responsable de esa barbaridad fuese castigado de la forma más ruin y
depravada posible. Ryan desconocía de la Guerra y de como ella inició un motín
en el campo de prisioneros que la convirtió en la Pistolera que veía en ese
momento. Sin embargo una cosa era cierta: ella realmente no recordaba nada más
de su pasado, ni siquiera por qué estuvo capturada en un principio y por qué tenía
esa cicatriz en su rostro.
Por otro
lado, ella comenzaba a sentir algo extraño en su corazón. Al parecer aquel hombre le agradaba demasiado
y por algún motivo su hijo también le caía
demasiado simpático.
UN DIA AL LADO DE LA
FAMILIA BILLSWOURD
El día comenzó
de forma tranquila. Colt vio, desde la ventana, como los rayos del sol salían
por el horizonte. Ya no tenía puesto su
saco negro, ni tampoco su sombrero, sus guantes estaban en la mesa. En ese momento solo llevaba su camisa blanca
con sus pantalones vaqueros negros y su
cinturón marrón claro con las pistolas en sus fundas. Su cabello se veía un poco despeinado y un mechón
cubría su ojo junto a su cicatriz. Ella veía con sus ojos azules el cómo Ryan
trabajaba arando el campo mientras que su hijo jugaba con una vara a
perseguir una rueda de caucho ligero. Sonrió
al notar cuan inocentes eran ambos. En la ventana podía ver el paisaje que
estaba compuesto por un manzano con los frutos listos para ser cosechados. Un poco de verde pasto que no parecía
prosperar más allá de la entrada de la casa y varios cultivos dispuestos a ser
cosechados. Colt decidió salir a
ayudarlos.
Se acerco a Ryan para preguntarle:
-
Lindas
plantaciones ¿De qué son?
-
Aceitunas-
le respondió Ryan sacándose el sombrero para secarse la transpiración- están
listos para ser cosechados pero tengo que esperar un poco a que anochezca, caso
contrario no podre cultivar los otros árboles de manzanas
-
Quieres
dedicarte a las manzanas en realidad ¿Cierto?- preguntó Colt sonriendo
-
Algo
así, el negocio de las aceitunas no prospera tanto como el de las manzanas
-
¿Deseas
que te ayude?- se ofreció Colt sonriente
-
No
lo sé Colt, es decir, este es un trabajo difícil, no es lo mismo que sacar las
pistolas y matar personas- se negó Ryan preocupado por ella
-
¿Insinúas
que por ser mujer no podré cosechar las aceitunas?- preguntó Colt mirándolo con
un gran enojo en esos ojos azules
-
¡No
es eso lo que quise decir!- se defendió Ryan totalmente asustado- es que esto
tiene un ritmo que debe ser seguido al detalle, por eso dije que no es lo mismo
que sacar un arma y disparar
-
Solo
deja que lo haga, además no voy a estar sola- le respondió Colt sonriendo con
malicia. Lanzando un silbido, le dijo a Jerry- ¡Oye Jerry! ¿Quieres ayudarme a cosechar?
-
¡Siiii!-
exclamó Jerry con total alegría dejando sus juguetes y se dirigiéndose a donde
estaba Colt dispuesto a ayudarla
-
¡Colt,
espera! Es un niño todavía- se quejó Ryan a lo que Colt le replicó con un tono
de firmeza y de una suavidad muy grande
-
Sin
embargo algún día tendrá que aprender y, por lo que puedo observar, él desea
hacerlo, por lo que le daremos una oportunidad- mirando con ternura a Ryan,
añadió- eres un hombre muy dulce y sobreprotector
Ryan, pero no te preocupes, estaremos bien
Dirigiéndose a donde estaba Jerry, recibió la
canasta donde reunirían las aceitunas que él le estaba llevando y comenzaron a
trabajar.
. . .
El sol del
medio día daba en sus cabezas; pero los sombreros de ambos les protegían muy
bien de aquellos mortales rayos ultravioletas.
Habrían iniciado a las nueve de la mañana y ahora se encontraban por el
medio día, sin embargo gran parte de la cosecha ya había sido hecha. Jerry reía al ver lo logrado en un día. Por
otro lado, Colt se mantenía seria y con una mirada tierna le preguntó a Jerry:
-
¿Cuánto
tiempo ha pasado desde que tu padre comenzó a ser tan sobreprotector?
-
Él
siempre fue así- le contesto Jerry mientras continuaba con la labor- incluso
cuando mamá vivía, solía actuar como que se preocupaba de mas por todos
-
Jerry-
le dijo Colt, con un tono de pesar, preguntándole- ¿Sabes o intuyes que tu papá no es tan fuerte
como debería, verdad?
Jerry se
detuvo en ese momento y la miró con pesar, asintiendo con la cabeza le dijo:
-
Intenta
serlo Colt, intenta cada día llevar la carga de ser el hombre de la casa a
pesar de estar solo. Cuando mamá vivía, él se veía distinto, parecía que no debía
demostrarle nada a nadie, que no era necesario que tuviese esa fortaleza y
mucho menos que actuase como si fuese el héroe de una novela de aventuras. Es
esa gente del pueblo amiga, ellos se burlan de él, le dicen blando y afeminado,
cuando no lo es. Mi padre ha lidiado con todo en estos años: ha lidiado con los
negocios familiares, con la cosecha, con las burlas de los lugareños, con mi
crianza y con la muerte de mamá
Tras
contarle eso, Jerry bajó la cabeza y comenzó a sollozar:
-
Incluso
lidia con ese maldito del Profeta junto con las amenazas de perder su único hogar… papá es muy fuerte para mí, porque ha tenido
el valor de enfrentar todo ese dolor junto a esa carga sin quejarse un solo día.
Pero sé que le cuesta, sé que esto le sobrepasa, lo supe cuando vi como se
quebró anoche. Con la excepción de la noche que mamá murió, papá nunca se quebró
delante mío ¡Él es un hombre fuerte
Colt! ¡Pero creo que hasta la
fuerza puede tener un límite! ¿Verdad?
Sin poder
contenerse más, Jerry, rompió a llorar. Colt se agachó y con su mano derecha le
secó las lágrimas, dedicándole una sonrisa tierna que contradecía su ruda
actitud, le dijo:
-
Verdad.
Todo tiene un límite, incluso la fuerza interna- dándole un fuerte abrazo,
añadió- yo también me di cuenta de ello
cuando vi su hogar. Hay muchas fotografías de tu mamá, nadie tiene tantas
fotografías de una persona a menos que realmente significase algo para él, por lo que supe de inmediato que tu mamá era
el pilar que sostenía a tu padre. Quizás por eso es que has notado esa forma de
ser tan sobreprotectora, teme perderte y perder todo aquello que ama, como
perdió a tu madre. Por lo que tiene esa foto como un recuerdo, para no
olvidarla mientras él viva y no olvidar la fuerza que sacaba de ella
-
¡La
extrañamos Colt! ¡La extrañamos mucho!- lloró Jerry sobre su regazo abrazándola
con fuerza
-
Lo
sé pequeño, lo sé- le respondió Colt con cariño mientras continuaba abrazándolo
Dicho abrazo
duró un poco más, hasta que Ryan tocó la campanilla del almuerzo. Colt, sonriendo, lo dejó de abrazar y le secó
las lágrimas, hablándole con un tono amoroso:
-
Bueno,
pequeño, ahora seca tus lagrimas porque tenemos que ir a comer y después
continuaremos hablando si lo deseas
-
¡Sí!-
asintió Jerry secando sus lagrimas con el dorso de su mano, esbozando una
tierna sonrisa
Ambos fueron a comer.
. . .
Durante el
almuerzo Colt había oído las anécdotas de Ryan y su hijo a lo largo de los
años. Desde como Ryan, cuando niño, liberó por accidente a los caballos del
establo hasta aquella vez que Jerry tiró por accidente el florero de porcelana
de su abuela. Colt reía al ver como esos
dos eran el uno para el otro. Después
del almuerzo continuaron con la cosecha,
Jerry pudo, con la ayuda de Colt, reunir la mitad de las aceitunas. Era un gran
logro.
El sol se
estaba ocultando en el horizonte, por lo que Colt encendió una fogata, tomó una
guitarra y comenzó a tocarla. Miró al
ocaso, diciéndoles:
-
No
suelo recordar muchas canciones, ya saben por la amnesia, sin embargo esta, por
algún motivo, si la recuerdo. Siempre la toco cuando el sol esta ocultándose en
el horizonte
-
¿De
que trata?- preguntó Ryan con curiosidad
-
No
es una canción con letra- le respondió Colt- pero la harmonía te obliga a
inventarla, pensarla o… sentirla
Cerrando sus
ojos y esbozando una tierna sonrisa, Colt, comenzó a tocar la canción. Era cierto que no tenía una letra, aunque no
importaba. Ryan podía sentirla. Miraba el cielo estrellado y recordaba a su
esposa. Su risa, su modo tan amoroso de hablarle. Pero, por sobre todo, como lo
inspiraba a ser mejor cada día, a ser mejor cada semana, cada mes y cada
año. Luego la música le hizo recordar
todo lo vivido, desde que la conoció, un día de verano cuando ella llegó a su
casa totalmente deshidratada pidiendo ayuda, a cuando se casaron para tener una familia. Los recuerdos pasaron
a los primeros años en los que criaron a su pequeño juntos y como él sentía más
fuerzas para seguir adelante gracias a su amor. También sintió el dolor de
cuando ella moría por culpa de esa enfermedad y volvió a pensar en lo que
pensaba cada mañana: Despertar todos los días buscando con su mano la cabeza de
su amada para descubrir que no había nada allí,
había muerto muchos años atrás.
Jerry sentía
lo mismo, pero también había algo más. Recordaba la felicidad, el amor que sentía
de su madre cada día que la veía, recordaba ver a su padre con una alegría que
no había vuelto a ver desde ese entonces. Las canciones de cuna, los pasteles
de manzana caseros que ella horneaba y, por sobre todo, aquella unión que los tres
tenían que parecía inquebrantable. Una unión que no había sentido desde… ¿Qué llego Colt?
Los dos, sin saberlo, sintieron un gran cariño
hacia aquella desconocida sin nombre que les estaba cuidando como si fuese la
madre de Jerry como también la esposa de Ryan.
Tanto uno
como el otro se sentían seguros al lado de ella, aunque no la conocían. Colt
emanaba una seguridad y una fuerza solo comparable a la que emanaba aquella
mujer que les dejo años atrás. Ryan sentía
que Colt le daba fuerzas para seguir y para no rendirse, por otro lado, sentía
un gran afecto hacia ella. Le había salvado la vida tres veces seguidas y sin
reprocharle el no haber actuado. Jerry sentía una contención por parte de ella,
una dulzura que no estaba a simple vista pero, como la cebolla que tenía cientos
de capas, ella la tenía oculta en su interior. Tras esas capas había una mujer
amorosa, tierna y protectora como lo fue su madre. La música de su guitarra continuó
tocando mientras que Colt cerraba nuevamente los ojos y se dejaba llevar por
sus pensamientos.
Por alguna
razón ella también los quería, también les tenia aprecio. Solo los había
conocido por dos días y en esos dos días vio a una familia devastada que
imploraba por su ayuda. No tenía tiempo para salvarlos pero, por alguna razón,
no deseaba dejarlos solos. Ella sentía que también los necesitaba. Ryan se preocupaba por ella, no recordaba a nadie
que lo hubiese hecho antes aunque en realidad no recordaba nada de antes y el
que él, sin conocerla, se preocupase así por ella, le hacía tenerle cariño. Por
otro lado el niño necesitaba una figura de fortaleza, si no podía ser la
paterna ¿Entonces sería la materna? ¿Acaso los quería así de mucho? Con los ojos cerrados sintió que la respuesta
era qué: sí. Ellos la necesitaban, ya que eran dos personas que sufrían en
silencio y necesitaban alguien que complementase aquello que les faltaba. No el
valor, ya que los dos eran muy valientes, tampoco la fortaleza debido a que no
carecían de ella, sino la felicidad junto a la seguridad. Ellos necesitaban una
especie de pilar pero… ¿Ella era ese
pilar en sus vidas? No lo sabía. No sabía
si estaba haciendo lo correcto. Después de que terminó de tocar, abrió los ojos
y vio como ambos se habían dormido. Sonriendo, fue a buscar una manta para
luego ponérselas en el cuerpo mientras hacía guardia nuevamente, esta vez a la
luz de la fogata bajo aquella noche estrellada.
CAPITULO 5
EL PROFETA HABLA CON EL
SEÑOR CALAVERA
La oscuridad
de la noche le era un buen refugio natural para poder tener esa reunión de
emergencia. Mientras subía por la ladera
de un pequeño monte hecho de roca y arena. El Profeta se aseguraba, al caminar,
de qué nadie estuviese cerca o de qué nadie lo viese estando en ese lugar.
Necesitaba todavía de la fe de esos crédulos estúpidos. Debía estar cerca,
normalmente todos los domingos o lunes a la noche él solía aparecer para saber cómo iba la
situación. A la distancia pudo ver una pequeña fogata, lo que era algo bueno
porque significaba que él estaba cerca
del pueblo. Casi corriendo se dirigió a
donde estaba esa fogata solo para encontrarla vacía cuando llegó a ella. No había nadie en las cercanías
-
Mierda-
juró en voz baja el Profeta
Al parecer
ya se había ido, ahora tendría que planear sus movimientos por si solo hasta la
próxima semana. Estaba por retirarse cuando una voz le dijo:
-
¿Que
acaso nunca te dijeron que es algo feo el oír a un cura insultar?- el tono de
la voz era totalmente agudo y casi risueño, una risa similar a la de una hiena
se oyó en las cercanías
-
Mi
señor- lo saludó el Profeta colocándose de rodillas frente al fuego
-
Tal
parece que has venido a mí, por ayuda o consejo ¿Algún problema mi buen
Profeta?- le preguntó esa voz aguda que continuaba riéndose como si fuese una
maldita hiena
-
Se
trata de uno de los residentes de Miracle Town,
mi señor- le habló El Profeta a esa voz en la oscuridad- al parecer nos está
desafiando
-
¿Y
por un simple rebelde acudes a mí?- preguntó aquella voz nuevamente con un tono
irónico a la vez que malicioso- si te elegí
profeta de esos idiotas es porque creí que eras lo suficientemente listo como
para saber lidiar con pequeños revoltosos
-
Es
que no se trata de un simple revoltoso, mi señor- se defendió inmediatamente El
Profeta- si fuese un idiota que no conoce su lugar entonces yo mismo me haría
cargo del asunto, lo que sucede es que al parecer un sujeto llamado Ryan, que
ha estado aquí antes de que el pueblo se fundase, está mostrando signos de un coraje que nunca
antes había tenido
-
¿Cómo
cuales?- preguntó aquella voz en la oscuridad con un tono de irritación
-
Matar
a los mensajeros que hemos enviado es un ejemplo perfecto mi señor- le contestó
El Profeta- también ha dejado el cuerpo muerto de uno de mis hombres con una inscripción grabada en su piel a base
de balas de calibre magnum
-
¡Repite
eso!- le exigió la voz en la oscuridad con seriedad
-
Que
asesinó a mis hombres y dejó a uno muerto en la puerta de mi iglesia con un
mensaje en su cuerpo- le repitió el Profeta
-
¡Me
refería a la marca de los casquillos!- le exigió nuevamente la voz
-
Eran
de la marca Magnum, mi señor- le repitió El Profeta
-
Vaya
¿Quién lo diría?- murmuró en voz baja aquella voz que comenzó a reír como una
hiena en plena oscuridad- amigo Profeta, tienes más problemas de los que crees
-
¿A
que te refieres mi señor?- preguntó el Profeta aterrado
-
Veras,
mi buen Profeta, de este inmenso mundo que nos rodea, solo sé de una persona que
puede hacer una cosa semejante y usar ese tipo de munición- susurrándole en las cercanías de su oído,
usando su voz como si fuese parte del viento, le dijo- tienes a un autentico ángel
vengador en tu casa amigo, lo mejor será que te largues si no deseas morir
-
¡¿Deseas
que me largue dejando todo este trabajo de años sin concluir y como si no fuese
nada?!- exclamó con enojo el Profeta
-
En
efecto, eso es lo que deseo- le contestó la voz saliendo de las sombras y mostrándose como era en realidad- nuestro trabajo
ya termino amigo Profeta, te aconsejo que guardes todo y te largues antes de
que sea tarde
Era alto,
posiblemente de un metro noventa o dos metros, de anchos pectorales. Llevaba
una especie de traje negro que a la luz de la fogata se le hacía imposible de
ver; pero lo que si era visible era el dibujo hecho con una especie de fluorescente
que hacia remarcar dicha figura. Un esqueleto
humano, con un saco negro que cubría su cuerpo haciendo resaltar más esa pictografía
de un esqueleto, su rostro se veía más aterrador. Los cabellos largos negros
lo cubrían un poco, su cara
estaba pintada como si fuese un cráneo humano,
sus ojos verdes se veían más saltones con esa pintura. Sonriendo, en
plena oscuridad, El Profeta no creía
estar viendo a un hombre disfrazado de esqueleto sino a un esqueleto disfrazado
de un hombre. El sombrero negro de porte
español que tenía en su cabeza terminaba de darle el aspecto amenazante que
necesitaba.
-
La
misión acabó, buen trabajo todo el mundo. Es hora de irnos a casa- continuó
aquel esqueleto andante mientras se acercaba a la fogata con intenciones de
apagarla
A pesar de
que estaba aterrado, aun así El Profeta decidió
enfrentarlo. Debido a que se negaba a abandonar su labor de tantos años por
culpa de un idiota que quiso desafiarle.
-
¡Mi
señor espere!- le rogó El Profeta- ¡Yo puedo hacerle frente! ¡No existe hombre
alguno que se haya atrevido a enfrentarme y salir ileso para contarlo!
-
Eso
no es un hombre- le replicó aquel esqueleto andante con un tono de autentico
enojo- y si saldrá ilesa para contarlo
-
¡¿Es
una mujer?!- exclamó El Profeta sorprendido
-
Si
así quieres llamarla- le respondió con un tono casi caricaturesco aquel
esqueleto andante
-
De
todos modos. ¡Yo podré vencerla!- continuó defendiéndose El Profeta
-
¿Acaso
sabes de quien estás hablando?- le preguntó risueño aquel esqueleto- ella es
una veterana de una Guerra que se dio hace muchos siglos atrás, una en la que
sujetos inútiles como tú no habrían sobrevivido ni siquiera la primer semana. Te
matará a ti y a tus hombres a la primera oportunidad que tenga, lárgate ahora y
salva tu apestosa vida, siempre habrán crédulos e ingenuos, pero nunca esta
oportunidad de sobrevivir que tienes en este momento
-
¡Yo
la venceré! ¡Ya lo veras! ¡Dame una semana para demostrártelo!- le pidió El
Profeta casi suplicándole
Aquel
Esqueleto lo vio con seriedad por unos minutos y tras esbozar una tétrica sonrisa,
le dijo:
-
De
acuerdo. Si tú deseas una semana para demostrarme lo que vales en combate,
entonces te la daré. Pero ten en cuenta que no vendré aquí la próxima semana ni
la siguiente, estas solo de aquí en
más Profeta. Haz tu voluntad sobre
Miracle… mientras puedas, claro
-
¡Gracias
mi señor Calavera!- exclamó El Profeta en señal de agradecimiento, bajando su
mirada de la presencia de aquel esqueleto andante
-
No
tienes que dármelas- le refutó el Señor Calavera con un tono de fastidio y
enojo- estoy condenándote a muerte aunque no lo parezca
La luz
de la fogata se apagó dejando todo en oscuridad una vez más, antes de retirarse
le habló en plena negrura de la noche, usando un tono sepulcral como si de la
misma parca se tratase:
-
De
ahora en mas tus días están contados, no digas que no te lo advertí
. . .
Volvió a su
iglesia cuanto antes. El sol estaba por salir de un momento a otro y no quería
que sus fieles supieran que él estuvo fuera toda la noche. Las advertencias ¿O amenazas? Del Señor
Calavera aun palpitaban en su cabeza, como si fuese una jaqueca, pero no podía
ni debía dejar de lado todo su trabajo.
La granja de Ryan. Ese idiota nunca supo la verdadera mina de oro que tenía
a su disposición, no solo vivía al lado del oasis propiamente dicho sino que en
realidad vivía en las cercanías de una mina de oro abandonada. Los padres de Ryan habían ido allí con
intenciones de sacar ese oro. Sin embargo después de que el padre de Ryan
muriese en un accidente en la misma mina, su esposa decidió clausurar el lugar
y nunca contarle a su hijo de ese sitio para que él nunca fuese a sacar el oro
que había en los montes cercanos a su propiedad. Para Ryan sus padres habían
sido unos humildes granjeros, no buscadores de oro. Sin embargo El Profeta si sabía quiénes fueron en el
pasado los Billswourd. En realidad, todos, desde Nueva York hasta California,
sabían quiénes fueron los padres de Ryan.
Todos menos Ryan, quien nunca salió de los límites de su casa para
descubrir la verdad de su familia. Ahora
estaba tan cerca de conseguir ese oro y ¿Una mujer osaba enfrentarlo, por lo
que él debía huir? ¡Menuda broma la de
ese idiota con cara de esqueleto! Si quería desvincularse entonces bienvenido
sea. Pero El Profeta gastó años de su vida, de planificación y, sobretodo, de
esfuerzo manteniendo ese pueblo bajo su control ¿Solo para que una metiche con
armas de fuego de alto calibre junto a ese alfeñique le viniesen a fastidiar
todo de un solo golpe? ¡Si iba a caer
entonces que fuese en combate! ¿Ambos tenían algo que proteger? ¡Pues caerían en el intento! Nadie iba a
abandonar ¡Nadie!
. . .
El sol salía por el horizonte, las llamas de
la fogata ya se habían extinguido. Colt había permanecido una noche más de
guardia mientras observaba a ambos dormir, su mirada era de compasión. No hubo
problemas esa noche, posiblemente esas ratas habían entendido su mensaje, como
fuera, ella solo iba a dormir cuando ambos estuviesen despiertos y solo por
unos minutos. No podía dejarlos solos,
al menos no todavía. Con las primeras luces del sol, Colt pudo relajar su
mirada por un minuto mostrando una expresión cariñosa e incluso tierna. Vio a
Ryan hacer una especie de movimiento con la mano, parecía querer tomar algo o
acariciar algo. Colt se acercó a él para
despertarlo, cuando su mano tomo su hombro y sintió que esta parecía estar
acariciándolo pero no de forma sugestiva sino de forma tierna, como si
estuviese acariciando la cabeza de un cachorro o la de un hijo. Colt entendió
que él aun soñaba y por algún motivo movía su mano aun estando dormido. La
Pistolera podía deducir de quien se trataba y de que trataba dicho sueño.
Sonriendo tomó su mano, devolviéndola a donde estaba su regazo, pudo notar que
la mano había dejado de moverse, tal parecía
que ya había cumplido su extraña función.
Cuando la puso en su regazo, Colt vio como una lágrima corría por la
mejilla de Ryan. Él, sonriendo, dijo entre sueños:
-
Aun
estas aquí
Colt le
devolvió la sonrisa y le respondió en voz baja:
-
Si,
todavía me encuentro aquí a tu lado y prometo estarlo mientras sea necesario
Ryan no le
contestó nada, solo mantuvo su tierna sonrisa mientras las lagrimas, producida
por aquel misterioso sueño, bañaban su rostro y la calma volvía a su angustiado
corazón. Colt los dejó dormir un poco
mas mientras el sol anaranjado se volvía
amarillo y ella se sentaba al lado de ambos para comenzar a descansar.
CAPITULO 6
PROBLEMAS CON LOS POBLADORES DE
MIRACLE TOWN
Ryan
despertó cerca de medio día. Su primer instinto fue el levantarse de donde
estaba sentado pero, en lugar de eso, miró a su lado y vio, a su costado
derecho, a su pequeño Jerry dormir mientras colocaba su cabeza sobre su hombro.
Sonrió al ver como su hijo aun parecía un bebito, aunque estuviese cerca de
cumplir diez años. Por otro lado miró a su izquierda y vio como Colt también
dormía cerca de él, notó que ella estaba durmiendo sobre su hombro. Ryan sintió
como se sonrojaba al ver aquello. La luz del sol hacia ver su cabellera roja
casi flamante, como si fuese un rubí rojo escarlata que brillaba con la luz de
aquel cálido sol. Su rostro, aunque se veía un poco sucio, mantenía todavía su
blanco original, en lugar de verse totalmente bronceada por el mismo sol y por
los vientos del desierto. Su expresión al dormir era más tierna como también
bella antes que intimidante o fría, el opuesto a la expresión que solía tomar
cuando estaba despierta.
Su
respiración era suave, fuese lo que fuese que soñaba era claro que no estaba
relacionado con dispararle a las personas, o al menos eso era lo que Ryan
esperaba.
No pudiendo soportar la tentación le dijo:
-
Buen
día
Colt se
levantó de inmediato, desenfundando su revólver, con la mirada totalmente
aterrada. Asustándose, Ryan, exclamó:
-
¡Wow,
wow! ¡Espera Colt, soy yo, soy Ryan!
Ella se
mantuvo totalmente petrificada en ese momento, todavía apuntándole, mientras lo
miraba con los ojos desorbitados y respiraba de forma agitada. Pareció recordar
algo y su mirada se calmó mientras bajaba los revólveres. Su respiración se
mantuvo, por unos minutos, más agitada hasta que se normalizó de inmediato.
-
¡Ryan,
hijo de puta! ¡Menudo susto me has dado!- le espetó Colt guardando sus pistolas
en las fundas
-
Lo
siento mucho- se disculpó Ryan asustado-
es que te veías tan apacible que creí que estabas teniendo un bello
sueño
-
Lo
tenía- le respondió Colt con una frialdad muy grande- era un recuerdo en
realidad
-
¿Puedes
recordar de que trataba?- le preguntó Ryan con curiosidad
-
De
un campo verde y un castillo de gran belleza en los montes de… en realidad no lo recuerdo bien, de todos
modos es un sueño tonto, posiblemente no tenga nada que ver con mi pasado o
conmigo misma- le contestó Colt intentando recobrar su actitud dura
-
¿Qué
hora es Colt?- preguntó Ryan un poco asombrado por la posición del sol
-
Considerando
que las sombras ya no nos están alumbrando, eso quiere decir que estamos cerca
del medio día o en pleno medio día
-
¡Maldición!-
exclamó Ryan levantándose de golpe- ¡Hoy es martes! Eso quiere decir que la
tienda aun estará abierta un poco más de la cuenta
-
¿Qué
tienda?- le preguntó Colt sintiéndose
sorprendida ante la reacción nerviosa de Ryan
-
La
de suministros, luego te explico Colt pero ahora debo ir rápidamente por mi
carreta de provisiones y mi billetera-
velozmente, Ryan despertó a Jerry mientras le decía- hora de despertar
campeón, se nos ha hecho tarde, tenemos que comprar el alimento
Sin añadir
nada más, Ryan corrió a donde estaba su carreta.
-
¿Quieres
que yo los acompañe?- le preguntó Colt un poco extrañada por esa forma de ser
de Ryan
-
¡Ohhh!
¿Qué paso?- gimió Jerry, tras ver a Colt , le dijo- si, como sea
. . .
Ryan había sacado
su carreta, la cual era de madera y sin ningún techo de tela que la cubriese,
solo una simple y corriente carreta de madera.
Un caballo, de negro pelaje, la estaba llevando. Colt se acercó a Ryan diciéndole:
-
Iré
contigo, espero que no te moleste
-
¡Colt
por amor de Dios! Solo es ir por las provisiones, no adentrarnos al campamento
de los Apaches- se quejó Ryan
-
Igual
iré contigo- Insistió ella con un tono de enojo
-
Si
insistes- se quejó Ryan continuando con las preparaciones de la carreta
Tras haber
terminado con las preparaciones, vio como su pequeño Jerry se subía a la
carreta siendo seguido por Colt, armada con sus pistolas y con una escopeta que
guardó en su enorme saco negro, que se sentó
al lado de ambos. Ella sonriente le dijo:
-
Bueno
¿Que estamos esperando?
-
¡Allí
vamos! ¡Yeehaaa!- exclamó Ryan moviendo las riendas haciendo que el caballo se
pusiera en movimiento llevando la carreta con ellos
Al poco
tiempo se dirigieron a Miracle Town.
. . .
Cuando llegaron
al pueblo, Colt supuso que un campamento Apache seria más amistoso en ese
momento. Las casas eran parecidas a las que habían en territorios de los
estados del sur, como Carolina del Sur o Virginia. Los niños se alejaban de su presencia mientras
que las mujeres susurraban, en una voz no tan baja, cosas como: “Allí van los
blasfemos” o “Los condenados, ¿Cómo osan entrar aquí? ¿Qué
no temen la ira del señor?”
Colt miraba
de reojo a esas personas, notando una actitud demasiado hostil en las miradas
de las personas. Con un quejido de molestia, puso su mano sobre la culata de
una de sus armas. Obviamente dentro de poco habrían problemas y de los serios.
Ryan, por
otro lado, no parecía notar nada extraño. En realidad todos los días martes era
lo mismo. Nunca fueron bien vistos en el pueblo, solo temía que los recientes
problemas hiciesen que el trato por parte de Miracle Town fuese un poco más
hostil que antes.
Sin embargo, Jerry si se estaba asustando. Su
padre no parecía notar el peligro, pero él sí y, al parecer, Colt también. Se estaban conglomerando más de lo normal, no
parecía la típica “bienvenida” de los pobladores sino más bien una turba
furiosa alistándose para lincharlos. Sin
saberlo, tomó el brazo de Colt y ella le tomó la mano mientras decía con un
tono valiente, como también tranquilizador:
-
No
te preocupes, no te harán ningún daño
-
Si-
asintió Jerry
Ryan estaba
por llegar a donde se encontraba la tienda de suministros cuando oyó a Colt
decirle:
-
Ryan,
da la vuelta ahora
-
¡¿Qué?!-
pregunto Ryan totalmente sorprendido- ¿Por qué?
-
Se
están conglomerando Ryan, es obvio que no están aquí solo para vernos con mala
cara- le contestó Colt
-
Bah,
tonterías Colt, es así todo el tiempo- se defendió Ryan aminorando la marcha del carruaje
-
¡Papá!-
gimió Jerry aterrorizado- ¡No es verdad! Hay algo más en su mirada
-
Hijo,
tranquilo, solo bajo a comprar las provisiones y después nos vamos- le aseguró
Ryan deteniendo la carreta, se bajó de la misma y se dirigió a la tienda con
intenciones de entrar a ella. Esta era similar a las demás tiendas en los otros
pueblos del oeste: hecha de madera, tenía un cartel que decía “ABIERTO”. Sin embargo, antes de que Ryan
pudiese llegar a la puerta, el vendedor, quien era un hombre gordo calvo con un
grueso bigote negro, puso el letrero en “CERRADO”. Aquello sorprendió a Ryan que dijo- ¿Eh? ¡¿Qué
diablos?! Si todavía no es la una
-
¡Papá!-
exclamó Jerry, que notaba como los pobladores se seguían juntando, no tenían
armas pero si habían muchas rocas en el suelo.
Antes de que
Colt le ordenase que volviese a la carreta, oyó una voz que le dijo:
-
¡Ryan
Billswourd!- los tres vieron a un
hombre vestido como si fuese un cura, solo que este tenía una sotana de color
rojo junto a una cinta blanca con inscripciones doradas que tenían la forma de
una cruz. Su cabeza estaba tapada por
una capucha de color rojo que tenía el aspecto similar a la de los monjes
españoles o a la del conocido infame grupo llamado: el Klu Klux Klan. Se
trataba del Ángel Vengador del Profeta y también el juez, jurado y verdugo de aquel
pueblo- ¡El Profeta te ha condenado a muerte por blasfemia! Debido a que has
pecado al negarte ante sus demandas divinas, has osado matar a los mensajeros de Dios y a
burlarte de nosotros al aparecer aquí hoy, se te ha condenado a ti y a tu hijo
junto con tu amiga a ser ejecutados por medio del apedreamiento ¡Que comience
el castigo!
Todos los ciudadanos, fuesen hombres mujeres o
niños, tomaron las piedras y comenzaron a lanzarlas a los tres ocupantes de la
carreta.
. . .
Colt no
esperó ni un minuto para sacar sus armas, mientras lo hacía le gritó a Jerry:
-
¡Conduce!-
y le gritó a Ryan- ¡A la carreta, ahora!
Solo por
haberse distraído unos minutos, una piedra la golpeó en la cara, dejándola
mareada. Ryan corrió a donde estaba la carreta mientras que las piedras
golpeaban sus costillas y brazos, se cubrió con estos, a pesar de dolerle, a la
vez que Jerry intentaba manejar la carreta.
Algunos ciudadanos se abalanzaron sobre el caballo para evitar que
escapase.
Colt, en
medio de la confusión, sintió como las piedras le golpeaban en las piernas y
brazos. Vio que algunos niños iban por Jerry, quien recibió también un golpe
fuerte en la quijada, no se la rompió por suerte pero si le astilló un diente.
Furiosa, ignoró el dolor y disparó,
instintivamente, a la cabeza de los niños que iban a golpear con sus rocas a
Jerry. Con su pistola de la mano izquierda, disparó
con rapidez a los que estaban cerca del caballo, siendo mujeres las que estaban
allí. Los ciudadanos al ver que Colt no tenía
un límite moral a la hora de disparar, se asustaron un poco, desgraciadamente
ya era tarde porque ella no dejaría ni uno de esos fanáticos bastardos con vida.
Ryan movió las riendas del caballo logrando que la
carreta comenzase a tomar velocidad cuando Colt le ordenó:
-
¡Espera!
Antes quiero dejarles un recuerdito- sacando su escopeta, le apuntó al dueño de
la tienda que se encontraba tras las ventanas mirando la batalla. Colt disparó
y la bala entró por la ventana, siguió camino hasta el cráneo del dueño y continúo
su trayecto hasta salir del cráneo
llegando al suelo.
Sin perder
tiempo, le apuntó a uno de los hombres que había lanzado las piedras a donde
estaba Jerry y le disparó reventándole el cuello. Aquel hombre anciano alzó su
mano cubriendo su herida, la cual estaba sangrando, y tras emitir un gemido ahogado, cayó al suelo.
Con rapidez
revisó las balas que le quedaban en sus armas: Cuatro en la izquierda y tres en
la derecha, lo mejor sería que supiese administrarlas bien. Haciendo gala una
vez más de su velocidad, Colt le disparó
a una de las mujeres, la primera bala de la pistola derecha. La segunda bala, de aquella arma, atravesó el
pecho de un hombre joven. La primera
bala, de la pistola de la izquierda, cayó sobre un niño que estaba tratando de
apedrear al caballo de Ryan y la tercera bala de la pistola derecha atravesó a
una anciana que gritaba:
-
¡Mátenlos!
¡En nombre de Dios, maten…!- no pudo continuar porque la bala le reventó el ojo
y gran parte de su cerebro
El arma de
la derecha ya no tenía balas. De todos
modos ya no importaba porque Ryan estaba logrando salir y la mayor parte de los
pobladores estaban comenzando a huir por sus vidas, al parecer habían elegido a
una mala presa para sus tenebrosas ejecuciones religiosas. Por desgracia había uno que no estaba
escapando: el Ángel Vengador, el cual tenía un rifle Winchester en sus manos y
un caballo bastante veloz. Colt, por otro lado, tenía una pistola con tres
balas en su tambor, dos armas sin munición ni tiempo para poder cargarlas ya
que el Ángel Vengador les tenía en su mira, comenzando la persecución.
CAPITULO 7
LA INFERNAL PERSECUCION EN EL
ARIDO DESIERTO DE NEVADA
La carreta había logrado abandonar el pueblo, sin embargo el Ángel
Vengador los perseguía apuntándolos con su rifle de la marca Winchester. Colt, al ver a ese sujeto apuntarlos con su
arma, le gritó a Ryan:
-
¡Conduce!
¡Ve lo más rápido que puedas y no importa lo que pase, no te detengas ante nada!
-
¡Colt!-
gritó Ryan asustado queriendo convencerla de lo contrario, pero la fría mirada
de Colt lo obligó a calmarse de inmediato
-
Pase
lo que pase, no te detengas ¿Entendido?- le respondió Colt con una expresión
seria y completamente decidida
-
Entendido-
asintió Ryan desviando su mirada hacia
el camino.
Jerry se
sujetaba la mandíbula intentando mitigar su dolor. Colt le puso la mano en el hombro diciéndole
-
Realmente
eres un muchacho muy valiente- dirigiéndose a donde se encontraba el compartimiento
de la carreta, se arrodilló acomodándose en el suelo de madera y le disparó al Ángel
Vengador
Su
perseguidor los apuntaba con su rifle, al tener un blanco certero, dio un
disparo a la carreta. La bala dio en la puerta del compartimiento. Colt revisó
sus armas: solo tres tiros en una pistola que debía hacerlos valer. Apuntó al Ángel Vengador y disparó, por
desgracia lo hizo en el mismo momento en que la rueda de la carreta golpeaba
una roca moviéndola un poco y obligándola a fallar el disparo. La bala aterrizó en el suelo, a unos
centímetros de donde estaba su contrincante. Colt largó un quejido de ira al
ver aquello. Por otro lado, su enemigo sonrió debajo de su capucha, apuntó a
Colt y disparó. La bala le dio en su abdomen haciéndola escupir sangre.
-
¡COLT!-
gritó Jerry con esfuerzo, su mandíbula estalló en un dolor punzante
-
¡Continúen!-
les ordenó Colt recomponiéndose como podía
El Ángel
Vengador, sonriendo, se acercó a ellos lo más que pudo apuntando con su rifle
nuevamente a Colt y disparando a su hombro. Ella gritó por el dolor cayendo al
interior de la carreta.
Jerry
intentó ir en su ayuda pero ella le gritó:
-
¡ALEJATE!-
Jerry asintió en silencio mostrándose el miedo en sus jóvenes ojos. Colt, con rapidez, le disparó al caballo del Ángel
Vengador en el mismo momento que este lograba sujetarse de la carreta. El animal cayó al suelo pero el Ángel
Vengador pudo asirse a tiempo
Colt sabía
que tenía un problema. Tenía una bala y dos heridas mientras que su enemigo tenía
tres balas y un cuerpo sano, las matemáticas estaban en su contra. Vio que había
un risco en las cercanías por lo que le gritó a Ryan y a su hijo:
-
¡SALTEN
AHORA!- de forma sorpresiva le dio una
patada en las rodillas al Ángel Vengador tirándolo al suelo
Ryan asintió
y tomó a Jerry con sus manos, sin embargo este se resistía.
-
¡No!-
gemía- ¡Debemos ayudarla!
-
Nada
podemos hacer hijo- le respondió Ryan lanzándose al suelo con su hijo en brazos
Ahora Colt
se encontraba con su enemigo a solas en una carreta en movimiento y sin
conductor.
. . .
El Ángel Vengador
se pudo levantar y aun continuaba sosteniendo su rifle pero, antes de dispararle
a Colt, ella se abalanzó sobre él desviando su arma en el mismo momento en que
él disparó, logrando que el caballo comenzase a correr más rápido debido al
miedo.
A pesar de
estar herida, Colt pudo darle un puñetazo directo a la cara de aquel Ángel
Vengador haciéndolo caer al suelo nuevamente, pateó el rifle fuera del alcance
de su mano. El Ángel Vengador tomó el
pie de Colt y la tiró al suelo. Furioso, se colocó sobre ella sujetándole el
cuello con sus manos intentando estrangularla.
-
¡Muere
blasfema pecadora hija de Satán!- rugió el Ángel Vengador sintiendo la ira de
los mil demonios correr por todo su interior
-
Mira…
quien… habla- jadeó Colt sintiendo como el aire se escapaba de sus pulmones
Sin pensarlo
dos veces le dio un rodillazo en los testículos haciendo que el Ángel Vengador gimiese de dolor. Velozmente
le dio, con su puño sano, un puñetazo en la cara que lo desplomó en el
suelo. Colt se acercó, arrastrándose, al rifle, pero el Ángel
Vengador se le adelantó. Ella tomó su arma y disparó al Ángel Vengador en
la pierna haciendo que este gritase de dolor mientras disparaba otro tiro al
aire. Colt no tenía mas balas. El Ángel Vengador le apuntó con su rifle a donde
estaba su brazo izquierdo y disparó.
Este pareció estallarle, pero solo fue una herida sencilla ya que la
bala entró por el brazo y salió por el otro lado sin tocarle el hueso por
suerte.
Colt se
levantó, como pudo, para ver a sus alrededores y sonreír. Sin perder un solo
minuto de su valioso tiempo se dirigió a donde estaban los caballos con
rapidez, actuaba como si sus brazos y abdomen no estuviesen heridos.
El Ángel
Vengador le apuntó a la cabeza y jaló el gatillo, sorpresivamente oyó un “Click” que indicaba el cargador vacio.
Volvió a jalar el gatillo con un mismo resultado.
-
La
Winchester tiene seis balas idiota- le respondió Colt sonriente- y tú ya usaste
esas seis
Dio un salto a donde estaba el caballo negro,
montándolo y desenganchando las riendas que lo sujetaban a la carreta. Logró moverlo
hacia un costado mientras la carreta continuaba camino.
-
¡Buen
viaje idiota!- rió Colt despidiéndose de él, el Ángel Vengador la vio un poco
desorientado
Dio vuelta su cabeza a donde estaba el frente
de su camino para darse cuenta tarde de que la carreta iba camino a un
desfiladero. Gritando, intentó saltar
pero el dolor provocado por su pierna le impedía el poder moverse. Sin poder
hacer nada para evitar su perdición, vio como la carreta llegó a su fatal
destino y la carreta cayó con el Ángel
Vengador dentro. Esta se dio un golpe sobre las rocas de la saliente mientras
que su ocupante, a pesar de auto proclamarse como un Ángel, caía con estilo a donde estaba el suelo. Se
dio varios golpes con las rocas mientras que la carreta también le dio otros
golpes más que rompieron sus huesos, órganos y espina dorsal. Cuando ambos llegaron al suelo no eran más
que astillas de madera, huesos y sangre que se confundía con su rojo
atuendo. Finalmente aquel Ángel Vengador
recibió la venganza de sus anteriores victimas.
Colt,
sonriendo, se retiró de allí cuanto antes para ir en búsqueda de Ryan y de
Jerry.
. . .
La sangre
salía de sus heridas, manchando su camisa blanca y sus negros pantalones
vaqueros. A pesar de ser un día especialmente caluroso, Colt sentía un gran frío
en su cuerpo, uno tan grande que su abrigo no podía calmar. El caballo estaba más tranquilo pero ella, en
cambio, tenia sueño, frío, su vista empezaba a nublarse y para empeorar aquella
situación comenzó a tener visiones de un hermoso prado con flores y arroyos a
su alrededor ¿Acaso estaba soñando despierta, teniendo un nuevo recuerdo o
solamente se estaba muriendo? No lo
sabía pero le daba igual, tenía como prioridad el encontrar a esos dos
muchachos indefensos. Entre sus recuerdos, o alucinaciones, creyó ver una
tormenta de arena acercarse, su corazón se aceleró debido a que era un mal
momento para estar en una tormenta de arena. Por lo que, sin dudarlo ni un
minuto, se adentró a ella con intenciones de poder salir cuanto antes de la
misma. Cabalgaba pensando en Ryan, él
fue un necio al no oírla cuando le dijo que algo estaba mal ¡Debió oír sus
advertencias! Pero tampoco era culpa suya. Nadie podría imaginar que esos lunáticos
se atreverían a atacarlos de esa manera, como si fuesen animales salvajes. Tenía que llegar con él porque no quería que
le hicieran daño, ella les dio su palabra de que estarían a salvo hasta que ese
Profeta se largase del pueblo y cumpliría con su palabra aunque eso le costara
su vida. Por otro lado pensaba en Jerry, si algo malo le llegaba a ocurrir,
nunca se lo perdonaría. Poco a poco estaba comenzando a querer a esa familia,
poco a poco estaba comenzando a amarlos. Sin perder un minuto y con las pocas fuerzas
que le quedaban, agitó las riendas del caballo para que este pudiese comenzar a
galopar más rápido en esa tormenta de arena.
. . .
Los
habitantes del pueblo se reunieron alrededor del profeta quien, en un palco
circular, comenzó a hablarles con su potente voz:
-
¡Hermanos
míos!- decía con su voz tronante- hoy a ocurrido un hecho terrible. Han visto
como esos pecadores, hijos del mal, asesinaron a nuestras madres, nuestros
padres y nuestros hijos con sus armas sin el menor pudor o arrepentimiento
posible
Todos
lloraban a los muertos que estaban en las carretas listos para ser sepultados,
mientras el Profeta continuaba con su discurso motivador:
-
Esto
ya no es un juicios mis hermanos ¡Esto es una guerra que la familia Billswourd
nos ha declarado al matar a nuestros compatriotas! Hoy no somos ciudadanos ni
tampoco una turba furiosa lista para un linchamiento… no mis hermanos, hoy
somos Ángeles- varios de sus seguidores
les entregaban a los hombres, mujeres y niños las mismas túnicas rojas que
llevaba aquel fallido Ángel Vengador- hoy somos la mano de Dios que grita a
todas horas ¡Castigo! ¡Castigo! ¡Castigo!
-
¡Castigo!-
gritaron los niños colocándose las mascaras- ¡Castigo! ¡Castigo! ¡Castigo!
-
¡Castigo!-
gritaban las mujeres mientras se ponían las mascaras- ¡Castigo! ¡Castigo! ¡Castigo!
-
¡Castigo!-
también les acompañaron los hombres poniéndose las mascaras- ¡Castigo!
¡Castigo! ¡Castigo!
-
¡Así
es mis hermanos!- gritaba el Profeta con una voz tronante que dejaba ver su
enorme orgullo y felicidad ante lo que veía-
¡Ustedes serán los castigadores de nuestro señor! ¡Serán sus justicieros!
¡Sus jueces, jurados y verdugos! Ustedes serán…
¡Sus Ángeles Vengadores!
-
¡CASTIGO!
¡CASTIGO! ¡CASTIGO!- gritaban todos los
pobladores de Miracle Town colocándose las sotanas rojas y las capuchas
del mismo color, tomando los rifles, pistolas e incluso escopetas dispuestos a
matar a los que viesen que no formasen parte de su pueblo- ¡CASTIGO! ¡CASTIGO!
¡CASTIGO!
-
¡Ahora
vamos, mis hermanos! Venguemos nuestras perdidas y alabemos al señor con la
muerte de los impuros ¡A la carga mis Ángeles Vengadores! ¡Castiguemos a los
culpables!
Tomaron
los caballos, montándose en ellos y salieron en búsqueda de la familia Billswourd
junto a su amiguita Colt. Todos se
adentraron en la tormenta de arena dispuestos a castigar a sus oponentes en
nombre de Dios su señor.
. . .
Colt
continuaba galopando sobre la tormenta de arena, no veía si era de día o de
noche, tampoco veía si sus amigos estaban cerca como tampoco veía si sus
enemigos lo estaban. Ella solo podía ver arena y nada más que eso. Se sentía
débil debido a la pérdida de sangre, en realidad apenas si la sentía correr
sobre su cuerpo. Sintió un gran sueño por lo que intentó dar tres cabeceadas
con intenciones de mantenerse despierta, pero antes de dar la cuarta el sueño
le ganó y cayó al suelo inconsciente. La arena la tapaba por completo
ocultándola, como si hubiese muerto y el mismo desierto estuviese gimiendo en
señal de dolor mientras la sepultaba en su propia tumba en medio de la tormenta
de arena.
PARTE 2: LA MINA DE ORO ABANDONADA
CAPITULO 1
LOS RECUERDOS DE RYAN
El viento
aullaba de forma fantasmagórica. Habían logrado salir de la carreta a tiempo pero cuando se levantaron para ir a ayudarla,
una tormenta de arena los tomó por sorpresa para finalmente separarlos. Ryan no
veía a su hijo ni tampoco veía a Colt pero si creía oír el susurro de su esposa
muerta en el viento desértico. Imposibilitado de moverse por las fuertes
ráfagas de arena que caían en su rostro. No tuvo otra opción que caer al suelo
para poder protegerse. Desesperado y con un gran temor gritó:
-
¡Jerry!
¡Colt! ¡¿Están allí!? ¡¿Pueden oírme?!-
sin embargo las palabras se las llevaba el viento, lo que si creyó oír
no fue el sonido de su hijo y de su amiga sino la voz de su madre en pleno
desierto
“Mi pequeño,
mi dulce e inocente hijo” le decía con
un tono de tristeza. Ryan pudo verla nuevamente allí, delante suyo, en la casa
cuando tenía unos cuatro o cinco años de edad, en realidad no lo recordaba
bien. Lo que si recordaba era que ella estaba llorando, de cabello rubio y con
una camisa blanca con una falda verde. Su madre transmitía una gran pena en su
llanto.
-
Tu
papá murió- le informó con pesar
-
¡¿Cómo?!-
le preguntó Ryan sorprendido
-
Un
accidente con el caballo, cayó al suelo y se golpeó la cabeza con una roca… ¡Se
desnucó!- le respondió su madre con una expresión de pesar, sin embargo Ryan
notó algo en su voz, algo que no estaba bien,
cómo si eso ultimo fuese fingido o ensayado antes que espontaneo y
autentico- hijo mío, no quiero que te acerques nunca más a las montañas que se
encuentran cerca de nuestra propiedad ¡¿Me escuchaste?! ¡Nunca!
Es un lugar peligroso para ti
Tras darle
aquella extraña advertencia, su madre lo abrazó mientras rompía a llorar sobre
su cabeza. Ryan nunca olvidaría como su madre,
una mujer de cabello rubio y ojos verdes, se lamentaba con un pañuelo,
diciéndole:
-
Ahora
eres el hombre de la casa, deberás ser fuerte por ambos
Sin embargo
esa fuerza que su madre le pedía tener nunca pudo sentirla por completo. Sentía
un gran peso, una gran amargura e incluso
una gran vulnerabilidad que se acrecentó cuando su amada madre
murió debido a la maldita neumonía que
ella tuvo cuando Ryan contaba con unos veinte años de edad. Creyó que moriría en aquellos días, no pudo
ser fuerte como su madre quería y no pudo ser valiente como su padre una vez le
dijo muchos años atrás.
. . .
Su padre era
tan idéntico a él que muchos que lo conocieron solían decir que Ryan era su
vivo retrato. Solía recordar un día en
que intentó dominar un caballo cuando él tenía unos cuatro años de edad. Aun
era muy joven, según lo que decía su madre, pero Ryan deseaba aprender a
montar. Todo iba bien hasta que el
equino se asustó, por algún motivo, y corrió con él todavía montado. Su padre
le gritó que saltase pero no pudo hacerlo. Estaba asustado, encontrándose petrificado
por el miedo se quedó arriba del caballo lo más que pudo hasta que su padre,
quien cabalgaba en su propio corcel, logró alcanzarlo y salvarlo a tiempo. Sacándolo
de allí al tomarlo con su mano izquierda, apartándolo del lomo del asustado
equino, y colocarlo en su montura.
Recordaba
llorar cuando estaba en el suelo. Su padre, molesto, le dio una bofetada suave
pero igualmente dolorosa diciéndole:
-
Ya
deja de llorar pequeño, no ha sido nada. Tienes que ser fuerte y valiente hijo-
le habló su padre con un tono de severidad que se mezclaba con el amor
paternal- nosotros no siempre estaremos aquí para ti mi pequeñín, por lo que tú
debes ser fuerte para afrontar las adversidades de la vida. También lo
suficientemente valiente como para poder pelear contra todos aquellos que te
amenacen o amenacen a tus seres queridos ¿Puedes prometerme que serás fuerte y
valiente, hijo mío?
-
S…
si papá- le respondió Ryan entre sollozos y poseyendo una convicción que deseó
conservar años después
Tristemente
no pudo conservar la promesa. No podía ser fuerte, lo intentaba, pero no podía
y mucho menos podía ser valiente. Estaba muy asustado en ese momento. El viento
del desierto aun corría con intensidad y no podía hallar a nadie, internamente comenzó
a hacerse esa maldita pregunta que se hizo durante toda su vida:
“¿Soy un
cobarde?” No quería creer que lo era, se negaba internamente a aceptarlo.
Recordó a su amada esposa, el día que fue a su hogar por simple casualidad.
. . .
Era tarde,
posiblemente el sol estaba a punto de ocultarse, Ryan se encontraba sentado en
su silla perdido en sus pensamientos cuando notó a una pobre mujer que se
acercaba, casi corriendo, a su cabaña. Su aspecto era terrible, parecía haber
pasado por un infierno. Sin pensárselo dos veces fue en su ayuda. La tomó entre
sus brazos y le dijo:
-
¡Tranquila
señorita! ¡Todo estará bien!
-
A…agua…
necesito… beber algo- gemía ella casi inconsciente a lo que Ryan la llevó a
donde estaba el pozo de agua para sacar de inmediato un balde lleno.
Tras darle
un poco de agua en su cubeta, ella se recobró y Ryan, sonriente, le preguntó:
-
Cielos
señorita, eso sí que estuvo cerca, casi se muere- con un tono amable añadió- ¿Qué
hacía por aquí?
-
Vine
con una excursión- le respondió ella, casi entre jadeos- yo… junto a unos… amigos… buscábamos una mina
de oro… abandonada que hay por… las cercanías, cuando unos apaches nos…
atacaron, solo yo sobreviví
-
¡Apaches
malvados!- exclamó con indignación Ryan, mirando con cariño a la mujer le dijo-
no se preocupe señorita, está a salvo ahora, yo cuidaré de usted
-
G…gracias-
le respondió aquella mujer sonriendo
-
Aunque
temo que debo informarle que no hay una mina de oro en las cercanías, lo único
que hay es desierto y mas desierto con algunos montes áridos- le aseguró Ryan
riendo por completo
-
Cielos…
debo parecerle… una tonta- gimió aquella mujer
comenzando a reír por lo estúpido de la situación
-
Solo
un poco- le respondió él riendo
Al poco
tiempo se hicieron amigos y poco le importaba a Ryan el que aquella mujer se pareciera
físicamente a su madre porque ella era distinta a su madre en todo. Su madre le
hubiese dicho que fuese valiente y se dirigiera a enfrentar a los Apaches pero
aquella hermosa mujer, que con el tiempo seria su esposa, no le dijo eso. Todo
lo contrario, ella deseaba que se quedase en casa para no dejarla sola. Ahora,
en el interior de la mente de Ryan, esa pregunta nuevamente se asomaba y
formulaba en su cabeza:
“¿Soy un
cobarde?” No, no lo era. Esa era la respuesta
que su esposa le contestó al no esperar de él un héroe sino un esposo amoroso y
un amigo simpático, alguien con quien envejecer. Sonriendo, supo la respuesta:
No era un cobarde, era valiente y la única razón por la que él no era lo suficientemente
fuerte se debía a que no tenía algo porque luchar y que sacase lo mejor de él.
Sonriendo le
dijo al espíritu de su esposa:
-
Gracias
amor mío, sé que tu amor me hizo fuerte pero ahora debo serlo por mi hijo y por
mi mejor amiga
Sintiendo
aquella fortaleza interna nacer en su interior, se levantó dispuesto a buscar a
su hijo y después a Colt.
. . .
Siguió su
búsqueda por el desierto hasta que, a la distancia, vio una sombra que un se
movía en plena tormenta de arena, se trataba de una silueta pequeña. Esbozando
una sonrisa de alegría, le gritó:
-
¡JERRY!
La silueta
lo vio y lo saludó mientras se dirigía hacia donde él estaba, tapándose la cara
de la arena que corría debido al viento. Por fortuna esta era de menor
intensidad.
Padre e hijo
se vieron y, sonriendo, se dieron un fuerte abrazo.
-
¡Gracias
a Dios que estas bien!- exclamó de alegría Ryan intentando no llorar
-
Papá,
me duele- gimió Jerry sobándose la mandíbula, por fortuna aquel dolor comenzaba
a mitigar y pronto se calmaría, sintiéndose más preocupado por el destino de su
mejor amiga en aquel loco mundo, Jerry le preguntó a su padre- ¿Dónde está
Colt?
-
No
lo sé hijo- le respondió Ryan- pero de seguro que debe estar arriba de un
caballo buscándonos
-
¡Debemos
encontrarla!- exclamó Jerry intentando continuar con la búsqueda
-
Hijo
escucha- le pidió Ryan con calma sosteniéndolo del brazo con todas sus fuerzas-
ella sabe cuidarse sola, pero nosotros estamos indefensos en este momento y
debemos buscar refugio de la tormenta
-
Está
bien papá- le dijo Jerry con un gran pesar- sé que esto es demasiado para ti,
no tienes que fingir una fortaleza que sabemos que no tienes
-
¿Qué?-
preguntó Ryan sorprendido- ¿Por qué dices eso?
-
Papá,
tanto yo como Colt sabemos que no eres alguien con la fortaleza necesaria para
determinados asuntos y está bien. Por eso quiero ayudarte, para mí no eres un
cobarde ni un débil, mucho menos un afeminado. Sin embargo yo quiero mucho a
Colt, ella nos ha protegido desde que la conocimos sin pedirnos nada a cambio-
le contó Jerry viéndolo con los ojos lloros y, aun con la tierra ocupando su
rostro, unas lagrimas salieron de sus ojos mientras añadía- papá, yo la quiero
como quería a mamá, no sé si eso está bien o está mal, solo sé qué no puedo
permitir que le suceda algo, ni a ella ni a ti. Yo puedo ser fuerte por ambos
papá, siempre lo fui
-
Hijo-
murmuró Ryan bajando la cabeza y con pesar le dijo- siento mucho no poder ser
el hombre que un hijo esperaría en su propio padre. Pero quiero que sepas que
yo también amo a Colt. Su cabellera rojiza, sus ojos azules similares a los de
tu madre y esa seguridad que me hace sentir fuerte y protegido a su lado pero
si algo te pasase yo nunca me lo perdonaría. Nunca me perdonaría ser tan
cobarde e inútil para no haberlos ayudado antes
-
Papá-
gimió Jerry viendo a su padre mostrar un signo de fortaleza que nunca antes
había visto de él. Ryan, sonriendo, le dijo:
-
Vamos
hijo, busquemos a nuestra amada amiga, no podemos dejarla sola ahora
-
Si
papá- le respondió Jerry sonriendo
Ambos
comenzaron la búsqueda mientras que la tormenta parecía estar amainando.
. . .
Buscaron con
rapidez por todos los alrededores. Ryan comenzaba a llorar por la pena mientras
gritaba:
-
¡Colt!,
¡¿Dónde estás?! ¡¿Háblanos?!
-
¡Estamos
aquí amiga!- exclamó Jerry que en su interior se imponía un valor que le
costaba mantener- ¡Por favor háblanos! ¡Te necesitamos!
En medio de
la ruidosa ventisca oyeron un relincho. Un caballo estaba cerca de donde ellos
se encontraban. Jerry, sin siquiera detenerse a pensarlo, corrió a donde había
oído el relincho mientras gritaba:
-
¡COLT!
-
¡Jerry
espera!- le gritó su padre siguiéndolo. Al
acercarse a donde los relinchos se oían con más fuerza, Ryan vio, a la
distancia, a su caballo el cual estaba parado cerca de un bulto enterrado por
la arena. Horrorizado, Ryan, gritó- ¡Oh no! ¡No por favor!
La tormenta
estaba calmándose, la arena ya no estaba tapando sus ojos y se podía ver a los
alrededores. Jerry se acercó a donde
estaba el bulto, comenzando a llorar al
ver que este no se movía.
-
¡Papá!
¡No se mueve!- gritaba Jerry totalmente aterrado como también angustiado- ¡¿Acaso
Colt está?!
-
Hazte
a un lado hijo- le pidió Ryan acercándose al cuerpo enterrado en la arena- ¡Vamos
amiga! ¡No nos hagas esto!
Al ver a
Colt, aquella mujer de imponente e invencible aspecto que le salvó la vida
cuando la conoció, tirada en el suelo, completamente sola mientras se
encontraba sangrando, cubierta de arena y con un aspecto vulnerable e indefenso,
sintió algo en su corazón. Era una sensación que nunca antes había sentido ¿Podía
ser esto el llamado valor y la fuerza que todos querían que él tuviese? No lo sabía,
lo que si sabía era que la vida de su amada amiga dependía de él en ese momento
y no pensaba dejarla morir.
Tomó el
bulto y lo movió mostrando el cuerpo inconsciente y malherido de Colt. Estaba
perdiendo sangre casi a borbotones, su rostro se veía muy pálido. Ryan sintió
en ese momento un golpe muy fuerte en su interior y como si hubiese sido sacudido
por un rayo al ver que el rostro de su amiga se veía de forma tierna y serena,
Ryan la tomó entre sus brazos como si fuese una novia, tenía sus piernas junto
a su espalda en sus brazos. El sombrero de Colt cayó al suelo y Jerry lo recogió. Sin perder tiempo, Ryan comenzó
a moverse con rapidez.
-
Debemos
llevarla a una cueva o algún lugar donde pueda preparar una fogata- indicó de
inmediato Ryan- somos su única
posibilidad
-
¿Papá?-
preguntó sorprendido Jerry al ver a su padre actuar por vez primera con esa
seguridad que siempre deseó ver en él- ¿Qué piensas hacer?
-
Una
vez tu abuelo me contó que tuvo una riña en un bar, el sujeto con quien peleaba
era un mal perdedor por lo que lo apuñaló por la espalda y él logró sobrevivir
quemándose su herida- le contó Ryan- en medio de una tormenta de arena, aunque
ya esté calmándose, no podemos crear una fogata. Tenemos que buscar una cueva
de inmediato
-
Podemos
llevarla a casa- le sugirió Jerry, sin embargo Ryan negó con la cabeza,
añadiendo
-
Ya
no es seguro volver allí campeón- con
una mirada de tristeza le respondió- lo mejor que ahora podemos hacer es huir. Salvemos a Colt y después larguémonos a
California con ella. Una casa no vale una vida, en especial una vida tan increíble
como la de nuestra amiga ¡Ahora vamos! ¡No tenemos ni un minuto que perder!
-
¡Sí!-
exclamó Jerry siguiéndolo
. . .
La llevaron
en brazos durante un buen trecho. Ryan sentía como esa fuerza que nacía de su
interior era porque se preocupaba por ella. Pudo ver que tenía una pequeña
lastimadura en su frente producto de ese piedrazo que recibió. Muy en el fondo sentía
vergüenza al notar eso, debió haberle hecho caso y por no escucharla ahora
estaba cerca de morir. ¡Pero eso no pasaría en su guardia! Ella ya les había
mostrado lo que vale, ahora era su turno de mostrarle lo que él valía, podría
no saber usar un arma pero si sabía curar heridas e incluso podía dar apoyo
moral a quienes lo necesitasen. Ryan se dio cuenta de dos cosas que lo hicieron
sonreír: la primera fue que no era débil como creía y que en realidad si poseía
una gran fuerza y la segunda era qué… él
amaba a Colt y no le molestaría seguirla a donde fuese con tal de estar a su
lado porque esa fuerza nacía de su amor hacia ella.
Buscando una
cueva, notó algo a la distancia. Se trataba de una entrada a una mina. Eso lo
tomó por sorpresa aunque eso y una cueva eran lo mismo
-
¡Hijo
mira!- le dijo Ryan a Jerry mirando con sorpresa aquel descubrimiento
-
¿Acaso
eso es la entrada de una mina?- preguntó Jerry sorprendido
-
Así
parece- iba a añadir algo mas cuando notó que la sangre estaba comenzando a
salir con más fuerza que antes por lo que le dijo a Jerry- debemos darnos prisa
¡Vamos hijo!
-
Si
papá y… ¿Papá?
-
¿Qué
hijo?- le preguntó Ryan con una sonrisa
-
Estoy
orgulloso de ti- le confesó él dirigiéndose a la cueva sosteniendo el sombrero
de su amiga
-
Gracias
pequeño- le respondió Ryan adentrándose con su hijo en aquella cueva
Ambos, padre e hijo, entraron a su refugio
temporal con su amada amiga en brazos totalmente dispuestos a salvarla.
CAPITULO
2
EL SECRETO DE LA MINA ABANDONADA
Se
encontraba semi inconsciente en realidad. Por un lado oía lo que sucedía a su
alrededor pero, por el otro lado, veía algunos recuerdos confusos y difusos. En
ese momento pensaba que Ryan era un tonto por estar perdiendo tiempo con ella. Podían
tomar el caballo y huir al poblado más cercano, posiblemente los fanáticos
religiosos dejarían su intento de linchamiento cuando llegase a California o a
la oficina del sheriff del pueblo más cercano. Por otro lado sentía un gran
cariño hacia él y hacia Jerry. Se estaban poniendo en peligro solo para
salvarla a pesar de que ella no sentía que lo valiese. Al mismo tiempo veía en sus recuerdos, a
pesar de ser difusos, la hermosa pradera que se encontraba a su alrededor.
Recordaba un castillo medieval y la gran fiesta que el Rey de la nación de… ¿Stanio? Celebró aquella noche. En el sueño, o
recuerdo, se veía a sí misma llevar un hermoso vestido rosa… ¿O era blanco? Posiblemente
fuese azul. No lo recordaba en realidad,
pero si recordaba a esa persona especial. No podía verla por completo, todo le era
borroso, solo recordaba que su cabello era ¿Azul? Eso era imposible, aunque si
veía con claridad el baile. La palabra soberbio se quedaba corta para poder
describirlo: todos danzando en una perfecta sincronía y a la vez creando una harmonía
en sus pasos, una noche perfecta, un momento perfecto. Recordaba cuando fueron
a la alcoba, debió ser antes de las cicatrices caso contrario ella nunca se
habría desnudado frente a él. Su toque,
su roce, el sonido de ambos al frotar sus cuerpos al compás de otra música, la
música del amor donde ambos iniciaban un hermoso baile que nacía de sus
pasiones tan perfectas. Después un matrimonio y… ¿Un hijo? No lo recordaba en realidad ¡Quería hacerlo! Pero
no podía… luego la maldita guerra, aunque ¿Sus cicatrices fueron hechas en la
guerra o… fue antes? Solo podía recordar
ese baile, tan bello, tan perfecto, tan…
mágico.
. . .
Habían
ingresado a la entrada de la mina. Ryan, en su interior, rezaba que hubiese algo
de madera o incluso una lámpara de gas. Al adentrarse un poco tuvo suerte de
ver lo que estaba delante de él: un pico cuyo mango era de madera, no era mucho
pero era algo.
Sin perder
el tiempo se acercó al pico para, después de un fuerte golpe, quitarle la parte
metálica. Observó una de las lámparas abandonadas, tenía suerte, eran a gas. Prendió
el mechero y la llama se encendió. Puso la parte que había tenido anteriormente
el pico de metal, en el fuego y con una gran impaciencia comenzó a ver como ardía.
-
¡Vamos!
¡Vamos!- pedía impacientemente Ryan y al ver que la madera ardía lo suficiente
como para comenzar a echar humo, exclamó- ¡Perfecto!
Se acercó corriendo a donde estaba Colt, le
dio la antorcha improvisada a su hijo mientras le decía:
-
Sostenlo
un minuto, da vuelta la cabeza también
-
¿Por
qué papá?- le preguntó Jerry aterrado
-
Porque
debo curar sus heridas, pero para poder hacerlo tengo que sacarle su camisa- le
respondió Ryan con seriedad- y el cuerpo
femenino es algo que no deseo que veas todavía, en especial el de nuestra amiga
-
Entendido-
asintió Jerry dando vuelta la cabeza con rapidez sin dejar de sostener la
antorcha
-
Muy
bien hijo, ahora no veas hasta que te lo ordene ¿Entendido?- le ordenó Ryan
quien comenzaba a sacarle el saco a Colt
-
Entendido-
le respondió Jerry con muchos nervios en su tono de voz
-
Todo
estará bien hijo, lo prometo- le aseguró Ryan , comenzando a desabotonar la
camisa de Colt
Fue tan
rápido como pudo, no deseaba romperle los botones pero tampoco detenerse
amablemente para ir desabotonando uno por uno. Con la casi precisión de un
medico profesional, Ryan desabrochó los botones de la camisa de Colt dejando
ver su sensual cuerpo. Primero le quitó los guantes, dejando expuesto su marca
con la forma de una D en la mano izquierda. Después le fue quitando la camisa
cuya sangre le había quitado el blanco tiñéndola de un rojo muy fuerte, casi
escarlata. Cuando le quitó la camisa, Ryan se quedó asombrado al ver el cuerpo
casi escultural que Colt poseía: unos abdominales demasiados bien formados
junto a unos grandes y sensuales senos perfectos, duros e incluso firmes. Sin
embargo algo, que parecía sobresalir en su costado derecho, le llamó la
atención. Con calma y curiosidad la dio vuelta lentamente para ver algo que lo
horrorizó por completo: Tenía cinco marcas demasiado notables, eran cicatrices
en realidad pero el modo en que estaban hechas fue lo que lo espantó. Tres de
esas heridas estaban en horizontal y descendían desde la espalda hasta la
cintura, las otras dos, en cambio, tenían un aspecto vertical y se ubicaban en
donde estaban los omoplatos, era como si le hubiesen arrancado unas alas. Con
su corazón devastado y roto al ver aquello, Ryan recordó la razón por la que
estaba haciendo eso. Volvió a acostar el cuerpo de Colt para después introducir
sus dedos a donde estaban las heridas y sacó los restos de bala que estaban en
ellas, Colt gimió de dolor mientras él lo hacía.
-
Resiste
amiga, estarás bien- la tranquilizó Ryan sacando de forma presurosa los
casquillos, después le dijo a Jerry- pásame la antorcha hijo
. . .
Un leve
dolor le hizo recordar que no fue en la guerra que sucedió aquello, fue por
culpa de un Señor de la Guerra. Un hombre, o algo con forma de hombre, que la
traicionó y mató a su amado e intentó asesinar a ¿Su hijo? Él le tendió una trampa a Colt para terminar
aprisionándola y en aquel calabozo una cosa, con forma humana, le marcó la mano
para después azotarla y… quitarle algo
suyo.
Recordó el color de su vestido. No era de
color azul, tampoco blanco y mucho menos rosa.
Era rojo, rojo escarlata. Ella era la mujer del vestido escarlata.
Ryan, con
una respiración agitada, acercó la antorcha a donde estaba la herida de Colt
pero, antes de poder quemarla cicatrizándola, ella tomó sorpresivamente su mano
para meter la antorcha en su cuerpo, haciendo que esta comenzase a quemar la
herida. Para su horror, Colt estaba despierta y en su mirada había una gran
ira. Sus ojos habían tomado un color rojo. Ya no eran azules sino de un rojo
casi infernal.
-
¡Nos
traicionaste Señor de la Guerra!- rugió en ese momento sosteniendo la antorcha
con fuerza quemando la herida
-
¡COLT!-
gritó Ryan aterrado- ¡Colt espera! ¡Soy yo! ¡Ryan! ¡¿Recuerdas?! ¡Tu amigo,
Ryan!
Ella, por un
minuto, lo vio y se tranquilizó. Sus ojos volvieron a ser de color azul. Notó
lo que pasaba y le ordenó:
-
Mueve
la cabeza a un costado, ahora
-
S..
si claro- gimió él , al hacerlo pudo ver que Jerry seguía mirando lo que sucedía-
hijo, mueve la cabeza, ella ya está bien
-
Si
papá- balbuceó Jerry de forma inaudible doblando la cabeza en ese momento, se
encontraba en un estado de shock ante lo que ocurría y su expresión de asombro
lo mostraba con claridad
Colt sacó la
antorcha de su abdomen para llevarla a
su brazo. Comenzó a quemar la herida del mismo. Lanzó un grito que ahogó de
inmediato cerrando sus mandíbulas con la culata de su revólver. De su voz salía
un rugido reprimido más que un grito propiamente dicho. Al cauterizar la herida
del hombro sucedió lo mismo.
Después tiró
la antorcha al suelo. Ryan la cubrió de inmediato, aun sin verla, con su saco.
-
Gracias
Ryan- le dijo Colt con calma y un poco de dulzura
-
No
tienes que dármelas- le respondió Ryan con pesar- fue mi culpa lo ocurrido
amiga… debí escucharte
-
Escuché
cada palabra de lo que dijeron- le contó Colt sonriendo- y yo no creo que seas
un cobarde Ryan, en realidad me sorprende el cómo has llevado todo esto como un
autentico hombre
-
Colt,
tu sombrero- le mostró Jerry, devolviéndole su sombrero
-
Gracias
pequeño- le respondió Colt sonriendo mientras le recibía su sombrero, al
hacerlo Jerry rompió a llorar y la abrazó
-
¡Creímos
que te perderíamos!- lloró en ese momento, Colt sacó su mano del abrigo y acarició
su cabeza con cariño
-
Yo no soy de las que se muere tan fácilmente
pequeño- le contestó Colt riendo, al ver que el pequeño seguía llorando, bajó
su mano para buscar algo en su bolsillo, sacó del mismo una armónica con la
cual comenzó a tocar un tema tierno y lindo
-
Que
bello tema- sollozó Jerry sacando la cabeza de su regazo
-
Sera
nuestro tema ¿Te parece?- le dijo ella aun convaleciente sonriendo con
ternura y añadió, con una voz casi
maternal- cada vez que sientas miedo o pesar, solo toca este tema y piensa en mí.
Te sentirás mejor, lo prometo
-
Gracias
amiga- le respondió Jerry volviéndola a abrazar
Colt miró el
lugar en donde estaban y le preguntó a Ryan:
-
Ryan,
¿Sabías de la existencia de esta mina de oro abandonada?
-
No-
le respondió Ryan. Mirándola con cariño, le dijo- pero me gustaría descubrir el
misterio de este lugar a tu lado
-
Lo
mismo digo- le respondió Colt guiñándole un ojo- lo mismo digo amado amigo
Luego ambos
se vieron con esa pasión que solo los amantes pueden comprender.
CAPITULO 3
UNA PELIGROSA EXPLORACION POR LA MINA
ABANDONADA
Buscó tabaco
en su bolsillo. Posiblemente estuviese algo húmedo por la sangre y fuese poco
lo que le quedase. Tuvo suerte, no solo estaba seco sino qué, además, aun tenía
en abundancia. Después buscó un papel para poder enrollar el tabaco y, de esa
forma, hacer un cigarrillo. La suerte se terminó en ese momento. Los pocos
papeles que tenía estaban empapados de sangre. Molesta gruñó mientras tomaba el
tabaco para ponérselo en la boca y comenzar a masticarlo. Su camisa blanca era
un desastre: La parte superior derecha y su costado estaban secos a la vez que aún
conservaba su blanco original, pero la parte superior e inferior izquierda era una mancha
roja de sangre. Sin tener que pensárselo dos veces, tomó un trozo de la parte
blanca de la camisa y la rasgó. Ese pedazo lo convirtió en una venda que
sujetaba su brazo herido. Lo que si le preocupaba eran las balas de su cinturón
de cuero. Toda la parte izquierda era inservible, la misma sangre había
arruinado la pólvora al ser mojada por la ella. Solo la parte derecha era aun
servible y esta tenía diez balas en las cartucheras. Gruñendo se puso su saco
como si fuese una capa. Tomando su revólver
derecho, sacó el tambor de un solo movimiento y comenzó a cargar las seis balas
de un solo costado. Al finalizar vio a Ryan al lado de su hijo mirándola con
asombro. Ella, sonriendo, les respondió:
-
El
revólver izquierdo también se encuentra mojado, a diferencia de las balas, este
todavía puede ser usado, pero antes debo secarlo y limpiarlo. Algo que nos
llevará un tiempo que no tenemos. En este momento solo puedo usar este revolver
y disparar prudentemente las balas que nos quedan
-
Colt,
lo mejor es que nos vayamos al pueblo más cercano- le pidió Ryan con un gran
pesar, suspirando añadió- si la mina tiene una salida que nos permita
escabullirnos bien vale la pena esta excursión
-
Ryan-
le dijo Colt con una mirada amorosa y un tono serio- agradezco tu preocupación
sin embargo no soy de las que huye ni mucho menos abandona una causa. Ellos no
tienen derecho a quitarte tu hogar ni mucho menos intentar matarte, ahora yo
les demostraré de lo que estoy hecha
Al poco
tiempo escucharon un sonido de personas acercarse al interior de la mina.
-
Lo
mejor es que nos movamos- sugirió Colt escupiendo el tabaco en el suelo- aquí
somos un blanco fácil
-
Si-
asintió Ryan, Jerry también asintió con la cabeza
Con un ritmo
veloz se adentraron a la mina de oro.
. . .
Los Ángeles
Vengadores se acercaron a la mina de oro. Habían buscado por todas las
cercanías del desierto y no habían encontrado nada. Incluso llegaron a creer
que se les habían escapado cuando el mismo Profeta, haciendo su rastreo, notó algo
en la arena.
-
¿Encontró
algo mi señor?- le preguntó uno de los Ángeles Vengadores acercándose a él
-
Si-
le respondió el Profeta tocando un poco de sangre seca que iba en dirección a
la mina- un rastro de migajas
Dio un
silbido y dirigió a todos sus fieles hacia el interior de la mina. La pista de sangre continuaba en línea recta,
riendo en voz baja El Profeta dijo:
-
La
sangre nunca miente mis Ángeles Vengadores- con un tono ceremonial exclamó- ¡Vamos!
¡Sigamos las pistas de los blasfemos!
Sin perder
tiempo los Ángeles Vengadores continuaron su recorrido por la mina para buscar
a sus presas.
. . .
A medida que
avanzaban por la mina, Colt notaba que habían demasiados carros sin usar. También
pudo notar que las palas y picos estaban regados por varias partes del suelo. Parecía
que habían abandonado de urgencia el lugar, entendió el porqué al ver uno de
los carros tirados en el suelo.
-
Tápense
la nariz- les dijo Colt cubriéndose con su guante
-
¿Por
qué Colt?- le preguntó Jerry asustado
-
Esta
mina no fue abandonada por carecer de lo que pudiese tener- le informó Colt,
buscando en el bolsillo de su saco un pañuelo rojo como su cabellera
-
¿Entonces
por qué fue abandonada Colt?- le preguntó Ryan sorprendido
-
Una
fuga de azufre- le respondió Colt tapándose, con el pañuelo, la nariz- debió
ser en grandes cantidades caso contrario los mineros no habrían huido de forma
despavorida
-
Entendido
Colt- le dijo Ryan tomando su camisa,
rompiéndola en grandes pedazos para hacer pañuelos con ella. Uno para su
hijo y otro para él mismo
Colt pensó
que sería una lástima el que no pudiese moverse con más libertad debido a sus
heridas… en ese momento cayó en cuenta del estúpido error que había cometido. Haciendo
una expresión de sorpresa y lanzando una exclamación inarticulada, les dijo:
-
Los
vagones-tomando con su mano libre el vagón de metal que estaba inclinado-
debemos subir de inmediato
-
¿Por
qué Colt?- preguntó Ryan sorprendido dirigiéndose a ayudarla
-
Aunque
cautericé mis heridas, la sangre que quedó en mi ropa siguió goteando, si nos
han seguido entonces lo más probable sea que sigan el rastro que he dejado
accidentalmente- le explicó Colt empujando aquel vagón con todas sus fuerzas
-
¡Oh
mierda!- exclamó Jerry corriendo a ayudarla empujando hacia adelante aquel
pesado vagón
Entre los
tres pudieron enderezar el vagón a
tiempo, porque los Ángeles Vengadores se encontraban cerca y los tres pudieron
escuchar a uno de esos fanáticos gritar:
-
¡Allí
están! ¡Fuego!
-
¡Vámonos
ahora!- exclamó Colt subiendo al vagón junto a Ryan y Jerry
Al poco
tiempo que Colt tocó la palanca del vagón para comenzar a hacerlo andar, varios
de los Ángeles Vengadores comenzaron a dispararles. Lograron alejarse a tiempo
mientras se adentraban a la oscura mina.
Varios de los Ángeles Vengadores se metieron en los carros dispuestos a
perseguirlos, iniciando así una segunda carrera para salvar la vida.
. . .
Colt, al ver
que solo eran dos vagones los que se acercaban, le gritó a Jerry:
-
¡Toma
la palanca!
-
¡Sí!-
asintió Jerry colocándose en posición
Colt tomó un
poco de tabaco para masticarlo, se lo puso en la boca, desenfundó su arma y disparó
a los que les perseguían.
Eran cuatro
en cada vagón y al parecer otros dos se habían
añadido a la persecución. Estos tenían pistolas y rifles. Colt solo
contaba con seis balas y una mano en buen estado. Por lo que apuntó a uno de
los conductores del primer vagón, Disparando la primera bala. Esa dio en el
blanco matando al conductor quien, al caer sobre la palanca, aceleró la marcha
haciendo que el carro se descarrilara durante la primera vuelta. En ese momento estaban llegando a unas
vueltas en tirabuzón para ir más rápido al interior de la mina. A su alrededor había
un gran vacío oscuro, el primer carro aceleró de mas y cayó al vacío mientras
sus ocupantes intentaban sacar el cuerpo muerto del conductor de la palanca
fútilmente. El segundo carro continuaba
su persecución y este estaba acercándose a donde estaban Colt y los demás. Uno
de los Ángeles apuntaba con su rifle a la cabeza de Ryan, pero Colt lo tiró al
suelo a tiempo. Su enemigo fallo en su
disparo sin embargo Colt, al poco tiempo, se incorporó y le disparó a la cabeza
del Ángel Vengador quien cayó al suelo precipitándose sobre el abismo. Colt
logró agacharse a tiempo mientras los demás disparaban sobre el carro. Ahora el
tercer carro estaba acercándose y Colt solo contaba con cuatro balas mientras
que los otros tenían más de cuatro. Sin embargo tuvo una brillante idea. Cuando los disparos del carro dos habían
cesado y los ocupantes estaban recargando. Colt aprovecho la situación para
frenar el carro. Los del tercer carro,
quienes seguían disparando, trataron de frenar a tiempo. Aquello le dio a Colt
un minuto para dispararle a las ruedas
del segundo carro. Al recibir el impacto este comenzó a tambalearse y cayó al
abismo con sus tres ocupantes. Sin perder tiempo disparó las tres balas que le
quedaban a los otros tres del tercer carro. Estos cayeron al suelo. Colt,
sonriendo, guardó su arma a la vez que se incorporaba escupiéndole su tabaco en
los ojos al cuarto ocupante. Este gritó de asco y horror intentándose secar la
cara. Colt saltó al tercer carro tomando un rifle en el mismo momento que el Ángel
Vengador se quitaba el tabaco. Antes de poder responder a su enemiga, ella le
disparó con el rifle de una de sus víctimas asesinándolo de inmediato. Vio que
el cuarto carro se acercaba por lo que tomó otro rifle y ni bien se acercó Colt comenzó a dispararles. Los Ángeles
Vengadores estaban muertos cuando pasaron cerca de Ryan y Jerry, quienes
miraban asombrados lo que sucedía.
Colt tomó
las armas de sus enemigos junto con su munición. Al finalizar pasó a su carro. Le
dio la harmónica a Jerry al mismo tiempo
que ella comenzaba a masticar un poco
mas de tabaco. Ryan comenzó a mover la palanca para continuar hacia adelante.
-
Toca
nuestro tema Jerry- le pidió Colt sonriente cargando sus armas
-
Si
, Colt- le respondió Jerry con una gran sonrisa
Comenzó a tocar la harmónica mientras que el vagón
se dirigía al interior de la mina, perdiéndose en plena oscuridad.
CAPITULO
4
RYAN DESCUBRE LA VERDAD SOBRE SU PADRE
El azufre se
sentía con mayor intensidad en sus narices, a pesar de que estas se encontraban
tapadas con un pañuelo. El carro se había
adentrado tanto que les era imposible pensar que se dirigiesen a una
salida. Fuera de la oscuridad que les
rodeaba, no había mas nada en ese lugar.
Ryan continuaba conduciendo a oscuras manteniendo una velocidad cauta,
lo suficiente como para no ser atrapados por los hombres del Profeta y para no
desbarrancarse, aquellos nervios le obligaron a preguntarle a Colt:
-
¿Sabías
de este lugar amiga?
Ella lo miró,
con sus ojos azules, en silencio durante unos minutos. Sin embargo ella le
contestó con calma y sinceridad:
-
No-
con un tono tranquilo añadió- pero, al parecer, los amistosos pobladores de
Miracle Town si lo sabían
-
¿Por
qué piensas eso Colt?- le preguntó Ryan sorprendido
-
Parecían
saber dónde estaban los vagones y como guiarse por la zona- le respondió Colt
con pesar- Ryan, ahora me corresponde preguntarte ¿Tú sabías de esta mina
abandonada?
-
No-
le respondió Ryan mirando hacia otro lado
-
No
me mientas- le dijo con dureza Colt sin dejar de observarlo directamente a su
rostro
-
¿Papá?-
preguntó Jerry completamente triste
-
En
realidad no sabía que existía, pero si había oído hablar de ella antes- les
contestó Ryan, con un suspiro de resignación añadió- Jerry, tu mamá vino a mi
casa después de ser atacada por los Apaches mientras buscaba esta supuesta mina
con un grupo expedicionario
-
No
puedo creerlo- murmuró Jerry bajando la cabeza- entonces ella si sabía de la
mina
-
Puede
ser posible hijo, de todas formas yo le dije que no existía esta mina- le contó
Ryan tratando de calmar a su pequeño
-
Como
tampoco los Apaches que ella mencionó- continuó Colt con total tranquilidad
-
¡¿A
que te refieres?!- le preguntó hoscamente Ryan
-
Ryan,
del tiempo que vives aquí ¿Alguna vez tuviste problemas con los Apaches?- le
preguntó Colt con tranquilidad
-
Bueno,
no pero es porque nosotros no hemos ido a sus territorios- le contestó Ryan
sorprendido
-
Para
los Apaches, todo el desierto es su territorio- le contó con frialdad Colt -
dime Ryan ¿Acaso los pobladores de Miracle comenzaron a tratarte mal después de
que le dieses cobijo a tu esposa?
Ryan no dijo
nada, sin embargo en la expresión de sorpresa que tenía su rostro se podía ver todas
las respuestas que Colt necesitaba oír. Era verdad que, antes de darle cobijo a
la que sería su esposa, los pobladores de Miracle no lo molestaban ni tampoco
se mostraban reacios a estar cerca de él pero después de casarse las cosas
cambiaron mucho. Tras la boda llegaron las burlas, los comentarios maliciosos junto
a las miradas de resentimiento y odio.
-
No
fueron los Apaches quienes atacaron la caravana de tu esposa, Ryan- le terminó
de contestar Colt- fueron los hombres del Profeta, posiblemente pobladores que
si sabían de la existencia de esta mina
-
Se
llamaba Jenny- murmuró Ryan, todavía en su asombro- Jennifer Stalheim ¿Te suena
conocido dicho nombre amiga?
-
Si-
le respondió Colt con pesar bajando su cabeza añadiendo- era la famosa esposa
de Jim Stalheim, el aventurero más
conocido en toda la costa este. Su última aventura se dio varios años atrás
cuando contrajo la fiebre más peligrosa de todas
-
¿Cuál?-
siseó duramente Ryan
-
La
fiebre del oro- sentenció Colt con la misma dureza
-
Mientes-
murmuró Jerry sorprendido. Aquella sorpresa se transformo en ira y mirando
furioso a Colt se arrojó sobre ella gritando- ¡ESTAS MINTIENDO!
Ella dejó
que Jerry le pegase con la poca fuerza que tenia, debido al cansancio y a la
edad que poseía.
-
¿Acaso
te he mentido en todo este tiempo que he estado a tu lado, Jerry?- le preguntó
Colt con serenidad viendo como el pequeño continuaba pegándole con su pequeño
brazo en el pecho con ira debido a esa revelación- nunca te mentiría, yo no
-
¡No
sabes ni tu propio nombre!- le gritó Jerry con dolor mientras continuaba
pegándole debido a su tristeza- ¡¿cómo puedes saber algo de mi mamá?!
-
Porque
fuimos amigas en el pasado Jerry- le contó Colt usando un tono amoroso con el
cual la describió - cabello rubio, ojos azules, voz cantarina y dulce, una
forma de ser amorosa como también sobreprotectora. Conocí Jennifer hace años
atrás, antes de que se casase con Jim,
en una pequeña aventura que ambas tuvimos cuando la guerra civil todavía estaba
en su apogeo
-
Tú…
mientes- jadeó Jerry dejando de atacarla, devastado rompió a llorar colocando
su cabeza sobre el regazo de Colt
-
No
yo, Jerry, nunca lo haría y menos contigo- le dijo Colt amorosamente abrazándolo,
con ese mismo cariño le acaricio el cabello. con un gran pesar le dijo a Ryan-
lo siento mucho
-
No
hay problema Colt, siempre lo sospeché pero nunca dejé que eso me impidiese ser
feliz a su lado- le respondió Ryan dándole la espalda, Colt no veía su rostro
pero, por su tono de voz, ella sabía que él estaba derramando lagrimas- lo
mejor es que busquemos la salida más cercana.
Antes de
poder decir algo más, el Vagón se adentró a un túnel luminoso que los llevó a
lo que parecía una especie de salón de baile subterráneo. Este estaba lleno de
grandes joyas y oro, solo que no eran pepitas de oro sino rocas solidas de
color dorado. Algunas del tamaño de una gran roca de cantera. Ryan detuvo el Vagón sorprendido ante lo que
miraba. En aquel salón, lleno de oro,
pudo notar otra cosa: Un esqueleto que se encontraba en el suelo con una nota
en la mano. Este estaba vestido con una camisa blanca, un chaleco marrón y unos
pantalones del mismo color con unas botas negras. Ryan salió del carro pero Colt, de un salto,
se le adelantó llegando antes al esqueleto. Con esfuerzo se agachó tomando, con
su mano sana, aquella nota. Comenzó a leerla y le dijo a Ryan:
-
Dime
Ryan ¿Acaso tu padre se llamaba Bill?
-
S… si- le respondió Ryan totalmente nervioso
-
Entonces
creo que te interesará leer esto- le dijo Colt pasándole la nota a Ryan para
que el comenzase a leerla
. . .
En la nota
decía lo siguiente:
“Querido
hijo, si lees esto es porque ya sabes de la mina y también de mi verdadero
pasado. Lamento mucho haberte mentido pero de no haberlo hecho entonces habrías
venido aquí cuando niño, exponiéndote a peligros que me harían temblar. Ya que
el oro puede conseguir muchas cosas pero nunca el amor o un hijo maravilloso
como tú. La sangre corre por mis manos
en este momento, por lo que debo ser breve. Hace varios años atrás tu madre y
yo descubrimos, gracias a la información de un buen amigo nuestro llamado
Stuart, que había un gran yacimiento de oro en el desierto, pasando el
territorio Texano. Tu madre, quien en ese momento estaba embarazada, Stu y yo
nos fuimos a buscar dicho yacimiento. No diré que fue fácil, solo que lo
logramos. Pasado un año en el que tú naciste, fue que aprovechamos nuestra
suerte explotando la mina. Sin embargo Stuart, queriendo ayudarnos, logró
convencer a varias personas sumamente religiosas que huían de la guerra civil para
que nos ayudasen. Todo fue bien durante los siguientes años, hasta que descubrí
que Stuart estaba haciendo algo extraño. Al parecer no solo nos ayudaba con los
pobladores sino que parecía guiarles, como si de un profeta loco del desierto
se tratase. A las pocas semanas descubrí lo que Stu planeaba hacer: Pensaba
asesinarnos a todos para quedarse con el oro para sí mismo, por fortuna o
desgracia, el yacimiento no solo poseía
oro sino también grandes cantidades de azufre que, si continuábamos cavando,
podríamos terminar haciendo explotar la mina. Lo descubrimos mientras Stuart,
en sus delirios religiosos, hacia construir este palacio subterráneo para que
los fieles pudiésemos vivir en paz y harmonía hasta el día del juicio final.
Totalmente asustado decidí enfrentar a Stuart cuando ese desgraciado, con su
lengua de plata, me engañó al decirme que se iría del pueblo y me dejaría en
paz. Cuando le di la espalda, él me disparó por sorpresa para después huir.
Ahora escribo esto mientras oigo como logró convencer a todos de que el azufre
estaba inundando la mina en grandes y peligrosas cantidades. No creo
sobrevivir, de modo que dejare estas últimas palabras escritas para ti: A pesar
de haberte dicho que fueras fuerte, ciertamente estoy orgulloso de ver que eres
un muchacho que no necesita mostrarme prepotencia o una actitud de macho para
saber el hombre de provecho que serás en el futuro. Ahora que lo pienso, tú fuiste mi más grande
tesoro.
Tu padre que te ama, Bill Billswourd.”
Ryan tomó la
carta y la puso sobre su corazón apretándola fuertemente a la vez que comenzaba
a largar sollozos, con la voz entrecortada dijo:
-
Yo…
también… te amo… papá
Sin poder
contenerse, largó a llorar. Colt se acercó a Ryan dándole un fuerte abrazo con
su mano libre. Ryan le respondió el abrazo colocando su cabeza sobre su regazo.
Jerry también se acercó a su padre para abrazarlo. Los tres estuvieron así
durante un largo rato dándole cariño y consuelo a un hombre lo suficientemente
fuerte como para soportar aquello sin derrumbarse de forma emocional y moral.
. . .
Los pobladores no viajaron en los vagones sino
que caminaron por los rieles de forma lenta y silenciosa. Estaban todos allí:
niños, mujeres, hombres y ancianos o ancianas. Todos estaban dispuestos a ir a
matar a los blasfemos de la familia Billswourd en nombre del Profeta y de Dios
todopoderoso. El Profeta estaba como líder pero no iba a la cabeza. Sabía que
si esos idiotas terminaban disparando sobre una fuga de azufre todo se iría a
la mierda, desde el frente hasta donde estaba el idiota que tenía delante. El Profeta
sabía que la familia Billswourd era un obstáculo. Pudo haber continuado
explotando la mina desde mucho antes pero ese infeliz de Bill logró advertirle
a su esposa de que si algo llegaba a pasarle y la mina continuaba abierta,
enviase una carta a la caballería. No podía matar a la esposa de Bill sin un
motivo valido y ella nunca se los dio. Su hijo era otra historia. Ahora, con
ese infeliz de Ryan y su hijo mequetrefe muertos, él podría continuar con lo
que comenzó haría años atrás. Su nombre había sido olvidado por todos, menos
por él mismo. Para todo Miracle Town, él
era El Profeta pero, para los fantasmas de sus antiguos colegas y camaradas, él
era: Stuart Zincoll, el mejor amigo de Bill
Billswourd, antes de que lo matara por supuesto.
CAPITULO 5
LA CALMA QUE PRECEDE A LA TORMENTA Y
LA INFERNAL BATALLA DE LA MINA ABANDONADA
No podían
saber si era de noche o de día bajo esa mina abandonada aunque no importaba
porque los tres estuvieron de acuerdo con dormir un poco. Nadie haría guardia.
Ryan no sentía fuerzas para seguir, Jerry tampoco sentía ninguna fuerza para
continuar. Solo Colt era la única que parecía tener temple en ese momento pero
sus heridas la habían debilitado mucho. Por lo que se quedó un momento allí,
sentada en una cama que había en las cercanías. Tomó la harmónica de la mano de
Jerry y tocó el tema de ellos. La música, que componía con dicho instrumento,
era angelical, de gran belleza para los oídos y a la vez emitía una gran
sensación de cariño. Jerry dormitaba,
mientras oía eso sonrió en sueños y recordó que él había oído ese tema
anteriormente. Era la canción que había compuesto con la guitarra aquella noche
bajo la fogata, haría mucho tiempo atrás. Ryan, por otro lado, no podía consolidar
el sueño. Vio a Colt y en voz baja le preguntó:
-
¿Por
qué te preocupas por nosotros Colt?- en su mirada se encontraba el
agradecimiento y el cariño junto a la preocupación- nunca te dimos un motivo ni
una razón, ni siquiera te conocemos o tú nos conoces ¿Por qué razón lo haces?
-
Vi
en ustedes dos algo que no suelo ver en muchas personas- le respondió Colt con
calma- vi a dos personas que necesitaban
ayuda. Lo sé porque, hace muchos años atrás, yo también necesité ayuda y no la
obtuve de nadie, excepto de mí misma. No recuerdo porque fui capturada ni
tampoco porque me azotaron pero si recuerdo que yo misma decidí salir de ese
calabozo matando a los desgraciados que me torturaron y también liberando a los
demás de su cautiverio. Después de eso me comprometí a ayudar a los necesitados
y tú eres uno de ellos
-
Vi
las heridas Colt- le confesó Ryan con pesar y ahogó un gemido de dolor,
diciendo- lo que te hicieron… ¡Fueron unos salvajes!
-
Según
ellos, era por el bien de la ciencia- recordó Colt con un tono irónico que
confundió a Ryan. Adoptando una expresión seria, le dijo- lamento mucho el que
todos te mintiesen
-
Para
mí, todo fue real Colt. Nunca se aprovecharon de mí o mucho menos me
traicionaron- recordó Ryan con un tono de resignación, viéndola con los ojos
llorosos le confesó- sin embargo fuiste tú la única que me dijo la verdad en
todo momento, a mí y a mi hijo
-
Es
un gran chico- rió Colt con ternura- debes de estar orgulloso de él ¿Verdad?
-
Lo
estoy- afirmó Ryan acostando su cabeza sobre la almohada- ¿Y qué piensas tú de
él?
-
Que
es una pena no haber sido su madre- confesó Colt en voz baja, casi inaudible,
Ryan la vio en silencio, al parecer no la había oído, y ella, sonriendo con
ternura, le contestó- Jerry es increíble, como lo eres tú. Ahora descansa, ya
es tarde
-
Si-
susurró Ryan conmovido comenzando a dormir
Colt se
quedó unos minutos más, viéndolos con cariño, mientras continuaba tocando la
harmónica.
. . .
Debió pasar
menos de una hora desde que se durmieron, aun así ella veló por ellos un poco más.
Antes no tenía nada por qué pelear ni recordaba nada que valiese la pena
defender salvo la incesante necesidad de ir a California. Sin embargo supo en
ese momento que tenía algo nuevo por lo que pelear. Sonriendo les dijo:
-
Duerman
bien mis dos amorosos muchachos, yo los cuidaré esta noche
Manteniéndose
en completo silencio, Colt comenzó a cargar las armas.
Tomó la Winchester
para comenzar a cargarla. Limpió su revólver de la marca Colt, que se
encontraba empapado de sangre.
Tenía las
balas de los otros revólveres, por lo que las puso sobre las cartucheras de su
cinturón. Al hacerlo pensaba en Ryan y en Jerry. Pensaba en cuando los conoció,
el cómo ambos sufrían por dentro y como peleaban contra viento y marea para
seguir adelante. Tomó la escopeta cargándola con los cartuchos que tenían los
otros Ángeles Vengadores que ella asesinó. Buscó en el otro bolsillo de su saco
un objeto que creía perdido de hacía días. Era un cuchillo de la marca Bowie.
Al encontrarlo Colt rió, comenzando a sentirse como una tonta por no haberlo
usado antes, también sintió otra cosa al pensar nuevamente en Ryan. Era amor,
ella ya lo sabía identificar pero nunca creyó que lo terminaría sintiendo por
completo con él. Quizás, cuando esto terminase, ella se quedaría con Ryan,
criaría a Jerry como si fuese su hijo pudiendo tener una vida tranquila y
pacífica. Negó con la cabeza tal pensamiento, era hermoso el considerarlo pero
ella debía ir a California ¿Por qué? Aun
no lo recordaba, pero lo haría cuando llegase al estado donde las playas eran
el límite con el océano pacifico.
Sin embargo,
cuando ella terminase con su misterioso deber en California, ella volvería, era
una promesa. Ella volvería con ellos porque los amaba, quería con toda su alma
a Jerry porque era su hijo. Pudo no ser su madre pero no importaba porque para
ella, aquel muchacho de cabello rubio, era su hijo. Estaba perdidamente enamorada de Ryan, no debía
ser fuerte para ella, porque ella sería fuerte por ambos y porque aquel hombre
le había mostrado más valentía y más cojones que todos los machos pistoleros
que antes hubiese conocido en las cantinas. Sus recuerdos ya no importaban, el
presente era lo que importaba y ese presente eran su futuro esposo e hijo.
Terminó de
cargar sus dos rifles, su escopeta, su pistola marca Colt y logró limpiar su
segundo revolver, al cual también pudo cargar.
Al finalizar puso el oro en la puerta de entrada del pasillo, eran rocas
enormes, al hacerlo tuvo una idea. Tomó un bolso y se dispuso a llenarlos con
recuerdos de esa expedición.
Antes de
acostarse buscó, por las cercanías, algo que suponía que debía estar en toda
mina, sin importar cuánto azufre pudiese tener. Tras encontrarlo, sonriendo, se metió en la salida de aquel
pasillo para colocarlas sobre un punto estratégico. Uno que oliese fuertemente
a Azufre.
Terminando
con los preparativos, Colt, se acostó un poco para comenzar a dormir.
. . .
Ya no soñaba
con su esposa, sino con aquella mujer sin nombre que se había convertido en un sostén
para su familia, soñaba con ella a su lado criando a su pequeño como una
hermosa familia, pasando los años y la misma vida juntos. En sueños ella tenía
una camisa roja con una falda marrón, su cabello rojo estaba sujeto dejando
visible su hermoso rostro con aquella admirable cicatriz que demostraba hasta
que punto ella sería capaz de ir por defenderlos. Entre sueños su mano se movió nuevamente
hacia donde estaba la almohada para sentir algo. Era su cabellera, sintió su
respiración al lado. Dándole fuerzas para seguir adelante. Acarició su cabello
a la misma vez que ella hacía lo mismo.
-
Buenos
días amor mío- dijo entre sueños, su sonrisa se mostro amorosa y una lagrima
corrió por su mejilla- te quiero mucho
-
Yo
también- le susurró aquella voz dulce, no era la de su esposa sino la de
alguien a quien él amaba mucho, sintió su tacto secando su lagrima, diciéndole
a la vez- yo también
La mano se quedó allí, tocando su cabellera y
ella mantuvo la mano suya en su cabeza haciendo lo mismo. Ambos amantes se durmieron nuevamente
mientras las viejas heridas eran curadas en sueños y nuevos lazos se formaban
en la vigía.
Ambos
estaban juntos en sueños.
. . .
Los murmullos
los despertaron. Las pequeñas trampas que puso habían funcionado. Si veían el
oro, apilado, era seguro que algo dirían. Dichos murmullos eran inaudibles pero
en un lugar proclive al eco, dichos murmullos inaudibles tenían un volumen
considerable. Colt se levantó de inmediato en el mismo momento en que los Ángeles
Vengadores estaban tirando las rocas de oro que ella había puesto. Antes de que
alguien pudiese apuntarla, ella desenfundó su rifle y disparó a los primeros
dos que estaban intentando pasar. Estos cayeron al suelo, pero al poco tiempo
aparecieron niños con rifles dispuestos a ser disparados. Colt usó las últimas
balas en los tres niños que intentaban adentrarse. Ryan y Jerry se levantaron
de la cama y subieron al vagón pero Colt les dijo:
-
¡No!
¡Tenemos que huir a pie ahora mismo! ¡Vamos!
-
¡Pero
Colt!- protestó Jerry
-
¡Sin
peros! ¡Vamos!- le ordenó Colt que caminaba hacia atrás disparando con el
segundo rifle a los otros que intentaban entrar
-
¡Jerry,
si tu madre te dice algo! ¡Debes obedecerla!- exclamó Ryan tomando su brazo y
obligándolo a dirigirse a la salida del lugar, el rostro de Jerry se mostraba
en completo shock al oír eso aunque su sonrisa se ensanchó y emprendió la huida
corriendo al lado de su padre
-
Gracias-
le respondió Colt quien tomaba, con su mano herida, el bolso con gran esfuerzo,
colocándoselo por la espalda.
Colt también emprendió carrera huyendo de allí. Los pobladores quitaron las pilas de rocas
doradas para ir en búsqueda de los blasfemos, poco le importaban los bienes
materiales en ese momento.
La tormenta había
comenzado.
. . .
Colt continuaba disparando con su rifle, a los Ángeles
Vengadores que se acercaban para matarlos.
Ella logró vaciar el cargador con tres ancianos y dos adultos mayores
pero las mujeres se acercaban con sus propias escopetas. Colt desenfundó la escopeta disparando a una
de las mujeres en la cabeza. Esta reventó en una mancha sangrienta y sus brazos
se movieron involuntariamente disparando su escopeta a donde tenía su compañera
cerca la cual cayó al suelo muriendo también en el acto.
Colt solo tenía
sus pistolas en ese momento, por lo que desenfundó el revólver derecho y mató a la anciana que intentaba eliminarla y
erraba a cada tiro. Colt se acercó a su
trampa mientras continuaba disparando a los demás pobladores, los cuales
continuaban acercándose más. Era más que una turba furiosa, eran una legión de
asesinos fanáticos y religiosos. Por lo que Colt decidió quedarse al lado de
donde estaba su trampa y rogar por que funcionase.
. . .
El Profeta
se estaba acercando un poco más a la pista de baile subterránea. Cuando la vio
a distancia su respiración se cortó por completo. Habían descubierto ese pasaje secreto de la
mina, a sus Ángeles Vengadores poco les importaba en ese momento dicho lugar pero
al Profeta si le importaba. Con rapidez se acercó a donde estaba el sitio,
adentrándose en él. Cuando llegó, lo primero que vio fue todo el oro que
podía sacar de allí y a su viejo colega, Bill Billswourd, que al parecer tenía
una nota cerca de su cadáver. El Profeta
se agachó para leerla y después masculló:
-
Mierda
Los demás
continuaban con la persecución. No prestaban atención a nada. Eso era lo bueno
de tener fanáticos a su mando. Podría hundirse un barco y ellos continuarían
paseando a su alrededor sin importarles el agua. Sin embargo El Profeta no era
un fanático, era un hombre centrado. Aterrado, buscó otra cosa que debía estar
por allí. Cuando no la encontró fue que dijo en voz alta:
-
¡Oh
mierda!
Dando media
vuelta, comenzó a huir.
. . .
Ryan y Jerry
corrían lo más rápido que podían hasta que vieron unos barriles cerca de un
costado que olía fuertemente a azufre.
Colt se acercó a ellos y les gritó:
-
¡Continúen
corriendo y no se detengan ante nada!
-
¡Colt!-
gritó Jerry aterrado- ¡¿Qué es esto?!
-
¡Nuestra
esperanza! ¡Ahora huyan!- les respondió Colt guardando su revólver deteniéndose
al lado de los barriles. Encontrándose parada frente a la turba fanática que
intentaba matarla, sacó una caja con cerillas
Los Ángeles
Vengadores se acercaban mientras gritaban:
-
¡Muerte
a los blasfemos! ¡Larga vida al Profeta! ¡Gloria a Dios Todopoderoso!
Colt se
acercó a los barriles tomando tres objetos cilíndricos de color rojo que
estaban atados y una tenía una mecha.
Colt buscó en su bolsillo nuevamente un poco de papel, por desgracia
este estaba húmedo todavía. Molestándose
ante tal inconveniente, decidió buscar
en el bolsillo de su saco un habano que ya estaba formado y seco. Se lo puso en
la boca, encendió la cerilla y lo acercó al cigarro.
-
Lo
estaba reservando para una buena ocasión- se quejó en voz baja, comenzando a
fumarlo- supongo que esta es una buena ocasión
Acercó su habano a donde estaba la mecha de
los objetos, los cuales tenían un papel que los identificaba como “DINAMITA”,
encendió la mecha con el fuego de su habano para después dejarlo cerca
de los barriles que tenían una inscripción, la cual no se podía leer en la
oscura mina pero la luz, proveniente de la mecha, los iluminó un poco mostrando
su leyenda. Esta decía: “POLVORA”
Colt corrió
con toda la velocidad que pudo. El Profeta también corría, tenía que llegar lo más
pronto posible a la parte superior de la mina, era su única salvación.
Los Ángeles Vengadores continuaban acercándose
cuando notaron dos cosas: la primera eran los barriles de pólvora y lo segundo
fue que su Profeta no se encontraba cerca de ellos
-
¿Mi
señor?- preguntó uno de los hombres que allí se encontraban
Colt corrió
lo más rápido que pudo hasta que le pareció ver una luz al final del túnel, en
medio de sus gemidos de cansancio y dolor escucho a Jerry gritarle:
-
¡COLT!
El Profeta también
corría como podía, su corazón corría mas rápido que sus piernas pero estaba tan cerca de llegar a donde estaba la
parte superior, tan condenadamente cerca.
El fuego,
que quemaba la mecha, llegó a su destino y la dinamita explotó. El fuego de la
dinamita se combinó con la pólvora y con el azufre. Dando inicio al infierno en
la tierra.
Una gran
pared de fuego cubrió a todos los pobladores de Miracle: niños, adultos y
ancianos murieron por igual en ese fuego purificador. Colt
corrió con todas sus fuerzas mientras que el muro de fuego se esparcía a
sus espaldas. Ella dio un salto al mismo
tiempo que la gran llamarada salía por la entrada a la mina. Cayó al suelo con la llamarada casi tocándole
los talones.
Ryan y Jerry
corrieron a donde ella estaba tirada, era en plena arena, Ryan la tomó entre
sus brazos dándole un fuerte abrazo, diciéndole:
-
¡Por
Dios Colt! ¿Estás bien?
-
No-
le contestó ella viendo molesta como su habano estaba sucio y un poco quemado- mi
cigarro se arruinó
-
¡Mamá!-
exclamó Jerry corriendo a abrazarla
-
Tranquilos
pequeños, todo está bien, ya todo se encuentra bien- los tranquilizó Colt con
una sonrisa maternal, mirando que el ocaso se estaba acercando añadió- volvamos
a casa
Con la ayuda de Ryan y Jerry, Colt, se levantó
para colocarse nuevamente su sombrero y caminar junto a su familia hacia su
hogar.
Sujetándose,
como podía, de un riel que había quedado todavía en pie cerca del abismo. El Profeta intentaba subirse para poder
continuar camino hacia la salida. Había llegado en el último minuto, se
encontraba cerca de la parte superior cuando todo se fue al carajo. Las viejas vías
se destruyeron, debido a la fuerza de la explosión. Corriendo, El Profeta, dio
un salto a tiempo para poder sujetarse de la viga que parecía haberse mantenido
en pie. Ahora, con todas sus fuerzas,
intentaba no caerse al abismo. Furioso
pensó en Colt. Ella le costó todo, años armando ese plan para poder quedarse
con todo el maldito oro. Pudo engañar al padre de Ryan al decirle que
compartirían la ganancia, después de que él se diese cuenta de sus intenciones
reales de quedarse con todo, fue que Stuart lo asesinó por la espalda. También decidió
esperar a que todo el asunto fuese olvidado, estaba cerca de lograr dicho
propósito hasta que llego ese metiche de Jim. Él y sus amigos habían oído de la
existencia de la mina de oro. Ante ese riesgo, El Profeta fingió ser amigo de
Jim para luego decirle a su Ángel Vengador que esos sujetos eran adoradores de Satán.
Una emboscada mientras buscaban el oro y después dejar ir a la mujer con la
promesa de que le contaría, al que la encontrara, de que fueron atacados por
Apaches. Ahora, que estaba tan cerca de obtener la victoria, esa perra
entrometida apareció de la nada para arruinárselos definitivamente pero él aun
estaba vivo y, mientras respirase, nunca
cedería. Con eso en mente, su fuerza
aumentó a niveles sobrehumanos. Pudo levantarse tomando, con la otra mano, el risco que tenía cerca. Subió con esfuerzo
para terminar de pie a la entrada de la parte superior. Furioso, se dirigió a la salida. Era hora de
terminar esto de una vez y por todas.
CAPITULO 6
EL DUELO FINAL
El sonido del viento y de los buitres era lo
único que se oía en Miracle Town. Ahora
no era un pueblo milagroso sino uno fantasmagórico.
Colt
caminaba al lado de Ryan y Jerry, siendo
sujetada por ellos para que no cayese. Paseaban por el lugar viendo las casas
abandonadas. Los letreros, que colgaban de los negocios, chirriaban mientras el
viento los movía. Ryan, al ver aquello, solo pensó en que ni bien terminasen de
curar a Colt, se concentrarían en no volver nunca más por allí. Ya no había
nada que ver.
Se acercaron
a la casa, que se veía a oscuras en plena noche, se dirigían a ella. Colt oyó
un resoplido y vio al caballo negro que condujo la carreta en las cercanías.
Aquello le llamó la atención, los Caballos suelen ser animales fieles que
vuelven a su casa cuando su dueño los deja en un lugar determinado pero, por lo
general, se dirigen a las caballerizas, no a las cercanías del hogar.
-
Jerry
sostén a Colt, yo iré a abrir- le pidió Ryan dirigiéndose a donde estaba la
puerta de casa
Colt miraba
con atención el caballo, tras deducir lo que ocurría vio a Ryan y le gritó:
-
¡Ryan!
¡Aléjate ahora! ¡Es una trampa!
Se
encontraba a unos metros de la puerta cuando la casa explotó enfrente suyo.
Alguien había tirado una dinamita por la ventana en donde había un barril de pólvora
en el interior de la casa.
-
¡PAPÁ!-
gritó Ryan, el miedo lo cegó y corrió a donde estaba su padre soltando a Colt,
se acercó a su padre quien todavía estaba vivo; pero terriblemente dañado
-
¡No
den un paso más!- gritó el Profeta saliendo de las sombras y acercándose con un
rifle en la mano- si llegas a hacer un
movimiento sospechoso los mato ¿Oíste forastera?
-
Si,
te oí- siseó Colt
-
Muy
bien- rió el Profeta- quiero que tires tus armas y te quites ese maldito
cinturón, luego patéalo hacia donde me encuentro
-
¡Cabrón!-
le gritó Ryan y El Profeta le pateó la cara
Colt, con
rapidez, se quitó el cinturón y lo lanzó al suelo. Aquel loco, cuyo rostro no
era visible, comenzó a reír, después apunto a Ryan junto a su hijo para
decirles:
-
Hoy
no ha sido un buen día, por lo que estoy muy cansado como para matarlos a los
tres, sin embargo no sería un Profeta de Dios si no mostrase clemencia y
dureza, por lo que tú, forastera, serás la que elegirá a quién de ellos dos
debo matar ¡ Y hazlo rápido! No tengo todo el día
-
¡No
lo hagas Colt! ¡Nos matará a ambos de todos modos!- le habló Jerry con
desesperación
-
¡Elige!
¡Quien vive y quien muere!- le ordenó El Profeta con su voz ceremonial
Colt se
mantuvo callada mientras lo miraba con ira, tras un tenso minuto ella, casi
tartamudeando, le dijo
-
Elijo…
elijo- de forma sorpresiva con un solo movimiento se sacó el Guante, donde tenía
su cuchillo guardado, para lanzarlo a una gran velocidad a donde estaba el
hombro del profeta- ¡Te elijo a ti!
El Profeta
lanzó un grito soltando el rifle.
-
¡Ryan!
¡Jerry! ¡Huyan!- les gritó Colt tomando su pistola ensangrentada, la cual casi
se caía de sus manos- ¡Yo me haré cargo de él!
-
¡Te
amo Colt!- le confesó Ryan tomando a su hijo con sus brazos echando a correr
-
Yo
también- le respondió Colt mirándolos como si fuese la ultima vez- los amo a
ambos
Padre e hijo se fueron de allí dejando a Colt
y al Profeta loco en plena noche iluminada por el fuego de aquella casa.
. . .
El Profeta
loco miró a Colt, totalmente fuera de sí. Con una furia, casi animal, se quitó
su máscara mostrando el rostro de un hombre calvo, con un rostro envejecido y
una barba canosa, tenia mechones de cabello gris en sus costados; pero nada más.
Con rapidez
tomó su rifle al mismo tiempo que Colt
terminaba de colocarse su cinturón nuevamente. Sosteniendo la pistola
ensangrentada la Pistolera decidió
colocarla en la funda. El
Profeta le apuntaba con su Rifle. Ambos
se miraron a los ojos durante unos minutos.
Los ojos de Colt miraban con ira al Profeta, los ojos del Profeta
miraban con ira a Colt. La mano de Colt se dirigía a la culata de su pistola,
el rifle del Profeta le apuntaba hacia la cabeza. Colt tomaba la culata, el Profeta acercaba el
dedo al gatillo. Colt miraba al Profeta, el Profeta a Colt, los ojos de ambos
se veían fríamente. Colt, El Profeta, Colt, El Profeta, Colt, El Profeta.
Ambos
dispararon al mismo tiempo.
. . .
Ryan oyó el
disparo y se detuvo en seco soltando a su hijo, al principio murmuró pero luego
gritó:
-
¿Colt?
¡NO!
Sin
importarle más nada corrió a donde estaba su amada amiga.
. . .
Solo se oía
el viento del desierto y el crujir de la madera al ser quemada en esa oscura
noche. El Profeta trató de guardar su rifle, pero lo soltó y cayó de rodillas
mientras que Colt seguía apuntándolo. La sangre de su enemigo manchaba su rojo
atuendo. Entre las llamas el Profeta veía como la figura imponente de la
desconocida se acercaba a él, detrás del
mismo fuego, El Profeta vio como sus ojos habían cambiado. Su iris ya no eran
azules sino rojos, como el mismísimo fuego del infierno. Furioso aulló:
-
¡¿QUIEN
ERES TÚ?! ¡¿DE DONDE VIENES Y POR QUÉ HACES ESTO?!
Colt solo lo
miró con calma respondiéndole con otros dos disparos a su pecho haciendo que la
sangre continuase fluyendo. Con la
sombra de su sombrero tapando su rostro, mirándolo con aquellos ojos rojos y su
larga cabellera del mismo color, aquella desconocida le dijo:
-
No
sé de dónde vengo, hago esto porque si no lo hago entonces nadie más lo hará y
en cuanto a quien soy- una sonrisa se dibujo en sus labios al responderle- ¡Mi
nombre es Colt, La Pistolera!
Sin más que
agregar y sin advertencia previa remató al Profeta dándole un disparo en la cabeza
volando sus sesos. Él cayó al suelo con una mirada vidriosa que reflejaba el
terror que tuvo antes de morir. Su boca,
al golpear el arenoso suelo, sangró. El duelo final había terminado.
. . .
Ryan llegó
en el mismo momento en que vio a Colt de pie mirando el cadáver de su
adversario. Las lágrimas no tardaron en aparecer, intentó gritar; pero el
aliento no salía de su boca, sin embargo finalmente pudo salir en una
exclamación tan fuerte que parecía un grito de alegría, tristeza y pasión:
-
¡COLT!-
sin perder tiempo corrió hacia donde ella se encontraba dándole un fuerte
abrazo, incapaz de contenerse lloró sobre su regazo- ¡Creí que te perdería!
-
Ryan, ya se los dije- le recordó Colt
acariciando su cabello- yo no soy de las que mueren fácilmente
Tras decir
eso, ambos se miraron fijamente, Ryan dejó de llorar, Colt le secó con su dedo
la mejilla derecha, sonriendo se besaron siendo iluminados solo por las llamas
de aquel hermoso hogar. Jerry, quien corría
tras su padre, al llegar y ver que ambos no solo estaban bien sino también se
estaban besando con pasión fue suficiente para que mirase a otro lado
ruborizado y riendo.
Todo iría
bien de allí en adelante.
CAPITULO FINAL
CABALGANDO HACIA EL OCASO
La casa
estaba en ruinas, el incendio había consumido casi todo; pero no importaba porque
ambos estaban bien y pronto tendrían una bella sorpresa.
Colt se
encontraba ensillando su caballo lista para partir mientras que Ryan y Jerry se
acercaban a ella.
-
¿Entonces,
te vas?- le preguntó Ryan con el corazón devastado
-
Si-
le respondió con pesar Colt- Ryan, debo ir a California, tú debes quedarte aquí
para reconstruir tu hermoso hogar y mejorar tu vida
-
¡¿Que
hay en California que merezca tu ausencia en nuestras vidas?!- exclamó en
lagrimas Jerry
-
No
lo sé todavía; pero sé que me es imperante el ir- tras decir eso, con la mirada
casi apagada, notó las lagrimas de su hijo y esbozó una bella sonrisa maternal
a la vez que decía- pero les prometo volver una vez que todo aquello haya
terminado
-
¿En…
serio?- preguntó Jerry sollozando
-
¿Alguna
vez les mentí?- le contestó Colt sonriendo con dulzura
-
Tú
no, nunca lo hiciste- le dijo Jerry rompiendo a llorar nuevamente
-
Eres
un muchacho valiente Jerry, tú también lo eres Ryan, cuídense mutuamente- les pidió
Colt con una sonrisa, subiéndose a su caballo. Sacó su bolso para dárselo a
Ryan- creo que esto es mi último regalo para ti, mi amor, solo sácalo cuando me
haya ido ¿De acuerdo?
-
Si,
amor mío- le respondió Ryan llorando de angustia
Colt miró el
horizonte, donde el ocaso se veía a la distancia, sabiendo que se acercaba el
momento.
-
Bueno
es hora de partir, adiós, prometo nunca olvidarlos- se despidió Colt
saludándolos, de un solo movimiento de las riendas, su caballo inició su galope
partiendo de allí con su bella jinete
-
Adiós
mi amada mujer sin nombre- sollozó Ryan
-
¡Adiós
mamá!- exclamó Jerry al ver que ella se iba hacia el ocaso
Colt los
saludó sacándose el sombrero y partiendo en el caballo negro que padre e hijo
le habían regalado. A medida que se
retiraba hacia el ocaso, Ryan, decidió
ver en el interior de aquella bolsa de cuero para sorprenderse. En su interior había
varias rocas de oro y algo más. Algo que era más valioso que el oro para ellos.
Sacó de la bolsa aquel objeto para dárselo a Jerry. Era una harmónica, la harmónica de Colt. Esta
tenia tallada una inscripción que decía “para cuando tengas miedo o te sientas
triste”.
Jerry
sonriendo tomó la harmónica iniciando su melodía y a la distancia, en respuesta,
Colt también silbó el tema de ambos. Ella los vio por última vez con sus ojos
azules, sonriendo, con su cabello rojo tapando su cicatriz y moviéndose con el viento. Continuó cabalgando,
moviéndose al ritmo de la harmónica de su hijo, que se oía a la distancia. Aquella
música se complementaba con el viento y con su figura que se alejaba cada vez
mas hasta que su silueta se perdió en el horizonte mientras cabalgaba hacia el
ocaso.
FIN

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